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La Oranción Cristiana VII: Las Oraciones Activas [audio] PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Felipe Rincón Vásquez   
miércoles, 12 de agosto de 2009

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LA ORACIÓN CRISTIANA VII: Las Oraciones Activas


Introducción

Romanos 12:12 Vivan alegres por la esperanza que tienen; soporten con valor los sufrimientos; no dejen nunca de orar.

De este versículo dice Guillermo Hendriksen «La esperanza de la salvación futura estimula el gozo presente; tanto así, que los hijos de Dios llegan a ser capaces de perseverar en medio de la aflicción. Esta perseverancia indica la fuerza de resistir bajo presión, y la aplicación persistente de dicha fuerza. No es producto de la sabiduría o habilidad humanas, sino de la gracia de Dios. Por eso Pablo se apresura a añadir: Sed persistentes en la oración. Sin oración constante ese gozo y perseverancia serían imposibles. La oposición que procede del mundo y las dudas que vienen de nuestro interior resultarían ser demasiados fuertes. En realidad, sin perseverancia en la oración sería imposible obedecer las exhortaciones del capítulo 12 o a las de otros pasajes.»


Necesidad de la Oración Activa

El Espíritu Santo que habita en el creyente, obra en él tanto en la oración como en la vida ordinaria. Esta actuación al modo humano tiende con fuerza a obrar en nosotros al modo divino, desbordando nuestros límites humanos psicológicos, entonces entramos en una oración pasiva, donde es el Espíritu de Dios que nos dirige, sin ningún trabajo nuestro, sin ningún esfuerzo; la lluvia del Espíritu en nuestras vidas nos riega y nos dirige en un estado de quietud y penetración con el eterno a fin de que podamos orar según su dirección. Ya no somos nosotros los que forzosamente fabricamos nuestras oraciones, sino que salen desde nuestras almas según la voluntad de Dios para ese momento. A este nivel de oración debemos avanzar todos los creyentes. Todos estamos llamados a ser orante a nivel pasivo, donde sea el Espíritu de Dios que nos lleve con suavidad. Pero el cristiano debe ejercitarse en la práctica de la oración. Debe ejercitarse en la oración práctica, con la asistencia del Espíritu Santo, en formas activas, discursivas, en conceptos y palabras trabajadas.


Estas oraciones activas producen cansancio y muchas veces no pueden prolongarse más allá de ciertos límites, que son muy variados según las personas. Pero en creyente debe ejercitarse en ellas. Varias son las formas en que se pueden realizar las oraciones activas y el propósito de esta exposición es señalarlas a fin de que nos puedan ayudar en nuestras prácticas de oración.


La oración discursiva

Se trata de una oración con sucesividad de temas, conceptos y palabras que surgen de manera espontáneas, no asistidas por método alguno, ni por ninguna formula de oración. Aquí el creyente de deja llevar de los impulsos del corazón, con la ayuda del Espíritu. Esta es una oración de muchas palabras.

Todos los cristianos han de ejercitarse en esta forma de oración. Muchos dicen que esa es la única forma de oración que debe ejercitar el creyente, una oración que sale sin métodos ni ayuda alguna. Dicen que esa es la oración más valiosa. Pero la verdad es que no conviene practicar solamente esta forma de oración, puesto que el alma del cristiano inmaduro funciona más como humana que como cristiana. Todavía no puede sentir el influjo del Espíritu. Tampoco tiene conocimiento necesario de su proceder, ni de la voluntad de Dios para cada caso, y si depende para orar solo de su corazón que todavía funciona al modo y manera humana, sus oraciones tendrán poca calidad cristiana. Por ello es que escuchamos a cristianos orando no conforme a Dios. Al cristiano que quiere abrirse a la ayuda del Espíritu Santo y crecer en la oración, le conviene ejercitarse no solo en esta, sino también en las otras formas de la oración activa.


Recitación de oraciones compuestas

Es provechoso orar con los Salmos, el Padre Nuestro y otras fórmulas oracionales ya compuestas. Es la forma más fácil de enseñar y aprender a orar, y la más practicada en la historia de la iglesia, y una forma válida en todas las edades espirituales. Estas oraciones nos dan palabras para expresarnos, esas palabras pueden ser escogidas y bíblicas.

Es bueno que por medios de oraciones compuestas el que ora asimile sus pensamientos y deseos, así como sus actitudes más gratos a Dios. Así se ora y se aprende a orar. El que ora forma un vocabulario con el cual dirigirse a Dios, con el cual expresarse ante el eterno.

Ahí muchos evangélicos que menosprecian este tipo de oración. Pero si observamos detenidamente, los mismos que la menosprecian la practican. Solo que siguen de manera oral y por la costumbre la mismas fórmulas oracionales que escuchan de parte de sus líderes. Escuchan a los demás orando y sus oraciones son repeticiones. Todos tienen las mismas fórmulas para orar por los alimentos, la despedida, la presentación de niños, la lectura bíblica, etc., son oraciones compuestas mentalmente, pero compuestas.

Todo verdadero creyente que practica este tipo de oración le ha sacado provecho y la recomienda. No se trata de leer una oración de prisa, sin atención, sin entender apenas lo que se dice; sino de tomar palabras para hablar con su Señor. Para que esta sea de beneficio, primero: hay que poner atención a quien se habla para que haya un encuentro personal, inmediato y amistoso entre el Dios y el ser humano que a él se acerca; segundo: hay que poner atención a lo que se dice, hay quienes van demasiado deprisa y la mente no cuerda con lo que la voz pronuncia.

Además de orar despacio y elegir bien las oraciones, debe haber brevedad en las palabras, no se trata de muchas palabras. Muchas veces vale más repetir una y otra vez una misma frase de petición, ruego o gratitud, según el caso. Tenemos ejemplo en Jesús.

Marcos 14,36-39 «Decía: "Abbá, o sea, Padre, si para ti todo es posible, aparta de mí esta copa. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú. Volvió y los encontró dormidos. Y dijo a Pedro: "Simón, ¿duermes? ¿De modo que no pudiste permanecer despierto una hora?" Estén despiertos y oren para no caer en la tentación; pues el espíritu es animoso, pero la carne es débil. Y se alejó de nuevo a orar, repitiendo las mismas palabras.»


Meditación

Meditar es tratar amistosamente con Dios pensando en él, en sus palabras y en sus obras. En la meditación hay una parte discursiva, intelectual y reflexiva, de gran valor; pero en la meditación es aún más importante el elemento amoroso, de encuentro personal e inmediato con el Señor. En este sentido la meditación es oración en la medida en que se produce en ella ese encuentro personal. Algunos se pasan todo el tiempo discurriendo, esto es pensando mucho y no pasan al elemento de relación y amor.


Meditar es pensar en palabras y obras del Señor que nos lleva a una oración, que produce un encuentro personal con el Señor, que causa conversión, alabanzas y petición.

Para los que están muy apegados a la vida de la carne, limitar la oración a la meditación es peligroso, porque les es muy difícil concentrar su mente en Dios y no darle vueltas a todo en su alrededor, o llevarles a viajar muy lejos sin encontrar al amado Señor.

Existen numerosos métodos de meditar: (1) meditar oraciones compuestas y frases de la Escritura; (2) meditar en lo leído, hablar con el Señor sobre ello; (3) orar leyendo un libro; (3) orar escribiendo, eso ayuda a recoger la mente en Dios; (4) considerar un tema, contemplándolo en Dios; (5) meditar en el mensaje predicado y las enseñanzas de la iglesia; (6) meditar en Cristo y su obra.


Conclusión y aplicación

  1. Todo cristiano debe ejercitarse en la oración.

  2. Debemos ser variados en la forma de la oración y no tener una actitud religiosa formalista en cuanto a este asunto.

  3. Estemos dispuestos a aprender de los más maduros, leamos vidas de santos, biografías de hombres y mujeres de Dios, de cómo se relacionaban con Dios y los beneficios de su actividad de oración.


 

Modificado el ( miércoles, 12 de agosto de 2009 )
 
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