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Lección 6: La Fe Salvadora PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Felipe Rincón Vásquez   
martes, 18 de agosto de 2009

LECCIÓN 6

LA FE SALVADORA

 

Fondo bíblico

Juan 3,16  Porque de tal manera amó Dios al mundo,  que ha dado a su Hijo unigénito,  para que todo aquel que en él cree,  no se pierda,  mas tenga vida eterna.

Lucas 13,23-25  Y alguien le dijo:  Señor,  ¿son pocos los que se salvan?  Y él les dijo: 24  Esforzaos a entrar por la puerta angosta;  porque os digo que muchos procurarán entrar,  y no podrán. 25  Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta,  y estando fuera empecéis a llamar a la puerta,  diciendo:  Señor,  Señor,  ábrenos,  él respondiendo os dirá:  No sé de dónde sois.

Romanos 10,9-13  que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor,  y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos,  serás salvo. 10  Porque con el corazón se cree para justicia,  pero con la boca se confiesa para salvación. 11  Pues la Escritura dice:  Todo aquel que en él creyere,  no será avergonzado. 12  Porque no hay diferencia entre judío y griego,  pues el mismo que es Señor de todos,  es rico para con todos los que le invocan; 13  porque todo aquel que invocare el nombre del Señor,  será salvo.

Romanos 3,21-28  Pero ahora,  aparte de la ley,  se ha manifestado la justicia de Dios,  testificada por la ley y por los profetas; 22  la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo,  para todos los que creen en él.  Porque no hay diferencia, 23  por cuanto todos pecaron,  y están destituidos de la gloria de Dios, 24  siendo justificados gratuitamente por su gracia,  mediante la redención que es en Cristo Jesús, 25  a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre,  para manifestar su justicia,  a causa de haber pasado por alto,  en su paciencia,  los pecados pasados, 26  con la mira de manifestar en este tiempo su justicia,  a fin de que él sea el justo,  y el que justifica al que es de la fe de Jesús. 27  ¿Dónde,  pues,  está la jactancia?  Queda excluida.  ¿Por cuál ley?  ¿Por la de las obras?  No,  sino por la ley de la fe. 28  Concluimos,  pues,  que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.

 

Lo que es la fe salvadora

La fe que salva es la depositada en Jesucristo como nuestro Señor. Para entrar en el Reino de Dios se requiera poner fe en Jesucristo para salvación. Debemos creer que somos pecadores y que Jesús derramó su sangre y murió por nuestros pecados, y resucitó para darnos nueva vida. Debemos arrepentirnos de nuestros pecados y pedir a Dios que nos perdone por ellos. Luego debemos entregar nuestra vida a Jesús y hacerle nuestro Señor y Salvador, esto es entrar en el Reino y ser gobernado por el Rey.

 

Implicaciones de la fe salvadora

1.    Someter tu vida a Dios.

2.    Creer en Jesús.

3.    Hacerte obediente.

4.    Creer y aceptar la Biblia como la Palabra de Dios para ti.

5.    Poner tu confianza en Dios.

6.    Invitar a Jesús a tu vida.

 

La fe salvadora y el nuevo nacimiento

Cuando ejercemos fe para salvación, por obra del Espíritu somos renacidos, regenerados (2ª Corintios 5,17; Efesios 2,1-10).

La santificación instaurada por la fe en Cristo consiste primariamente en una elevación ontológica: los cristianos somos realmente ¨hombres nuevos¨, ¨nuevas criaturas¨. Por lo tanto, ¨el que está unido a Cristo es nueva persona. Las cosas vieja pasaron; lo que ahora hay, es nuevo¨(2 Corintios 5.17).¨ Somos nacidos de Dios¨, ¨nacidos de lo alto¨, ¨nacidos del Espíritu¨. Juan 1.13 dice ¨y son hijos de Dios, no por la naturaleza ni los deseos humanos, sino porque Dios los ha engendrado¨. Esto también lo observamos de la lectura de Juan 3,3-8. 

Es el nacimiento lo que da la naturaleza. Y nosotros, que nacimos una vez de otros hombres, de ellos recibimos la naturaleza humana; después en Cristo, por el Espíritu, nacimos una segunda vez del Padre divino, y de él recibimos una participación en la naturaleza divina. 2 Pedro 1,4 nos dice: ¨Por medio de estas cosas nos ha dado sus promesas, que son muy grandes y de mucho valor, para que por ellas lleguen ustedes a tener parte en la naturaleza de Dios y escapen de la corrupción que los malos deseos han traído al mundo¨.

La santificación obrada por la gracia de Cristo no produce en el ser humano un cambio accidental, algo que afecte solo el obrar, sino es ante todo una transformación ontológica, que afecta al mismo ser del hombre, a su naturaleza.

1 Corintios 15,45, 47-48 nos dice: ¨El primer Adán fue hecho alma viviente; el último Adán (Cristo), Espíritu vivificante. El primer hombre fue de la tierra, terreno; el segundo hombre fue del cielo. Cual es el terreno, tales son los terrenos; cual es el celestial, tales son los celestiales.¨

Jesucristo santifica al hombre deificándole verdaderamente por la comunión del Espíritu Santo y de su gracia. Juan 3,6 dice que ¨lo que nace del Espíritu es espíritu.¨ Solo Dios es Dios por naturaleza. Pero como dice el místico cristiano Juan de la cruz: ¨lo que pretende Dios es hacernos dioses por participación, siéndolo él por naturaleza, como el fuego convierte todas las cosas en fuego¨.

El cristiano es santo porque ha nacido de Dios, que es santo. El Padre comunica al hijo su propia vida. El hombre es racional, es libre y capaz de reír, porque en el nacimiento ha recibido de su padre la naturaleza humana, es decir, la calidad de vida racional, libre, capaz de risa. Si luego el hombre no vive racionalmente, si no se ríe, o si esclaviza su libertad por el vicio, esto no cambia su estatuto ontológico: sigue siendo un hombre aunque no viva como tal, y ningún animal puede alcanzar ni de lejos la calidad de perfección que hay en él. Pues bien, de modo semejante, los hijos de Dios son santos, caritativos, fuertes, porque Dios es santo, es caridad, es fuerte. Si luego el cristiano vive según el Espíritu y no según la carne, vive según su ser; pero si vive según la carne, es decir a lo humano, se degrada y corrompe.

Dios comunica en la creación por naturaleza diversos niveles de vida: vegetativa, animal, humana. La vida humana integra las otras, y lo hace en una síntesis cualitativamente superior, caracterizada por la razón y el querer libre de la voluntad. Lo humano perfecciona lo animal y vegetativo, no lo destruye. Así Dios comunica en la redención por gracia al hombre una nueva participación en la vida divina, caracterizada por un nuevo conocimiento, la fe, y una nueva capacidad de amar. Y esta vida ha de integrar los otros niveles de vida, perfeccionándolos, elevándolos, sin destruirlos.

 

La certeza de nuestra salvación

Los que creen verdaderamente en el Señor Jesucristo y le aman con sinceridad, esforzándose por andar con toda buena conciencia delante de El, pueden en esta vida estar absolutamente seguros de hallarse en el estado de gracia, y pueden regocijarse en la esperanza de la gloria de Dios. Esta certeza es una seguridad infalible de fe basada en la sangre y la justicia de Cristo reveladas en el evangelio; y también en la evidencia interna de aquellas virtudes del Espíritu a las cuales se les hacen promesas, y en el testimonio del Espíritu de adopción testificando con nuestro espíritu que somos hijos de Dios; y, como fruto suyo, mantiene el corazón humilde y santo (Mt.3. 7-10; Mr.1. 15; 2Pe.1. 4-11; 1Jn.2. 3; 3. 14,18,19,24; 5. 13/ Ro.8. 15-16; 1Co.2. 12; Ga.4. 6-7/ 1Jn.3. 1-3; Ro.5. 2,5; 8. 16; 1Jn.2. 3; 3. 14,18-19, 24; 5. 13; 2Pe.1. 10)

 

Debemos asirnos de la enseñanza escritural de la perseverancia de los santos, sin descuidar lo que constituye la salvación ultima y completa de una persona. El creyente a de luchar con muchas dificultades antes de ser participe de tal seguridad; sin embargo es capacitado por el Espíritu para alcanzarla, por el uso adecuado de los medios; y por eso es el deber de cada uno ser diligente para hacer firme su llamamiento esforzándose en los deberes de la obediencia, el amor y gratitud a Dios, que son los frutos propios de esta seguridad. (2 Pe.1. 10; sal.119. 32; 1Jn.4. 16; Ro.6. 12, 11-13)

 

Existe una necesidad absoluta de andar por el camino de la santidad si es que se ha de recibir salvación final. El creyente debe perseverar en cuidar de sí mismo y de su enseñanza, si ha de salvarse; si alguno continúa en su error, él no ha sido salvado, se condena a sí mismo y recibirá su segura muerte eterna. Cada cristiano individualmente debe vencer finalmente el pecado, el mundo y Satanás, para perseverar hasta el fin y ser salvo. Las exhortaciones a la fidelidad y perseverancia personales están dirigidas a fin de trabajar para la salvación final de los creyentes, no debemos estar satisfechos con asegurar la salvación inicial. (1Cor. 11.1-3) El deseo de Pablo era que sus convertidos permanecieran fieles a sus votos, a fin de ser presentados a Cristo como una gloriosa iglesia. Él sentía pavor de que ellos fueran rechazados y condenados en aquel día como una mujer infiel a sus votos. (Mt. 7. 13-14; 10. 22; 24. 10-13; Ro.2. 6-11; 1Cor.9. 24-27; 15. 1-2; 1Tim.4. 16; 6. 12,17-19; 2Tim.1. 16-18; Fil.3. 9; Heb.3. 6,14; 10. 35-39; Stgo.5. 19-20; 1Pe.1. 5,9; Jud.20-21; Ap. 2. 7, 11, 17,26; 3. 5; Col.1. 21-23,27-29; Fil.2. 14-16; 1Tes.2. 19-20)

 

Preguntas para reflexionar

1.    ¿Qué dirías a alguien que te pregunte: ¿Cómo llegar a ser cristiano?.

2.    ¿Cómo le asegurarías que ahora él es cristiano?

3.    ¿Qué sucede en el momento que aceptas a Jesucristo como tu Señor y Salvador?

4.    ¿Por qué es importante creer en la Biblia como Palabra de Dios en términos de fe salvadora?

5.    ¿Por qué la mayoría de la persona no reconoce que necesita ser salva? (2ª Corintios 4,4).

6.    Contrasta el resultado de seguir el camino de Dios con seguir el camino del hombre.

7.    ¿Qué significa la salvación? ¿Cómo es que somos salvados y de qué?

8.    ¿Cómo usted explica la salvación con relación al Reino de Dios?

 

Resumen y aplicación

1.    Para ser salvo y ser discípulo de Jesús debes confesar tu pecaminosidad, arrepentirte de ellos y pedir a Dios que te perdone por todo lo que hayas hecho que sea pecaminoso. Luego debes entregar tu vida a Jesús y pedirle que sea tu Señor y Salvador.

2.    Si acepta a Jesucristo como tu Señor eso implica que pasas al Reino de Dios.

3.    Cuando somos salvos recibimos el Espíritu Santo, somos renacidos por él, él es la garantía de nuestra salvación. Nuestro espíritu llega a tener vida divina (Efesios 1, 13-14).

4.    Cuando estamos en Cristo tenemos vida abundante (Juan 10,10).

 

 

Modificado el ( martes, 18 de agosto de 2009 )
 
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