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Lección 8: El Perdón de Dios PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Felipe Rincón Vásquez   
martes, 01 de septiembre de 2009

LECCIÓN 8

SOBRE EL PERDÓN DE DIOS

 

Fondo bíblico

1ª. Juan 1,8-9  Si decimos que no tenemos pecado,  nos engañamos a nosotros mismos,  y la verdad no está en nosotros. 9 Si confesamos nuestros pecados,  él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados,  y limpiarnos de toda maldad.

 

¿Qué es el perdón?

Perdón es acción y efecto de perdonar. Perdonar es remitir la deuda, ofensa, falta, delito y otra cosa que toque al que remite. Remitir es perdonar, libertar de una obligación, dejar o suspender.

 

Todo lo anterior nos indica que perdonar es dejar de cobrar por una ofensa, sea algo intangible –como su derecho-  o algo tangible –como un pago en monedas-.

 

Todos hemos pecados. Todo pecado es contra Dios (Salmo 51,4). El pecado quebranta la ley de Dios (1 Juan 3,4). Por tanto, solo Dios puede perdonar el pecado (Lucas 23,34). Dios se deleita en perdonar (Salmo 86,5).

 

Generalmente escuchamos a la religiosidad decir lo siguiente: «Porque Jesús murió en nuestro lugar y pagó todo el castigo de nuestro pecado, ahora Dios puede perdonarnos justamente.» La base de esta enseñanza es que Dios estaba ofendido con el pecador y lo único que nos quedaba era pagar a Dios por nuestras ofensas. Pero como no podíamos pagar Jesús pagó en nuestro lugar. Dios fue pagado por Jesucristo. Ahora nuestros pecados son imputados, o sea, puestos a cuenta de Jesús. El castigo que nuestro pecado merece es ejecutado sobre el Señor Jesucristo. Jesús paga nuestra deuda. Muere en nuestro lugar como un pago.

Esta enseñanza falla en lo principal: si Dios fue pagado entonces no perdona. Una cosa es ser pagado y otra muy distinta es perdonar. El que perdona no exige el pago sino que libera de la obligación al deudor. Si el deudor no paga, pero un tercero paga en su lugar, de todo modo el deudor pagó, ya no se le está perdonando nada de parte del que demanda el pago. Este punto de vista considera que Dios es incapaz de perdonar y que de todo modo debe ser pagado. ¿Entonces de qué perdón estaríamos hablando? Si fue pagado no ha perdonado.

 

Cristo en la cruz no es un pago. Dios nos perdonó de pura gracia. Cristo en la cruz es la manifestación de ese amor de Dios. Cristo en la cruz es una entrega de Dios por amor a la humanidad. Porque decidió perdonar vino en la persona de Cristo a salvarnos, a revelarnos el único camino posible de obtener ese perdón y volver a adquirir lo que hemos perdidos. Dios nos perdonó primero y luego vino Jesucristo a hacer viable ese perdón.

 

Jesucristo no murió en la cruz para comprar nuestro perdón. Efesios 1,7 nos dice: «en quien tenemos redención por su sangre,  el perdón de pecados según las riquezas de su gracia,». La redención, la justificación y la expiación, todas son metáforas bíblicas, sea que fueran sacadas del mercado, del comercio de esclavos, de las campañas militares, de los sacrificios del templo o de la ley de los tribunales. Note que la cita anterior nos dice que el perdón de pecados es según la riqueza de su gracia. Y si es de su gracia es, es algo inmerecido, no tenemos que pagar nada. La recibimos de pura gracia, ni nosotros ni nadie pagó para que Dios nos perdone. Dios es amor, y por eso perdona sin ser pagado.

 

Cuando Pablo hace referencia a la ira de Dios en sus enseñanzas, está utilizando un equivalente semántico para hablar del proceso impersonal por medio del cual operan las consecuencias del pecado humano en la historia. Debemos quitar de nuestro concepto de ira toda mezcla de limitación humana, carácter vengativo pecaminoso y resentimiento poco ético. No es cierto que Dios está airado contra el pecador lo que requirió que Cristo tenga que apaciguarlo por medio de su sufrimiento en la cruz. Esa es una posición de la religiosidad del temor.

 

Matthew Henry, nos dice: «Es nuestro consuelo inexplicable, siempre que nos acercamos a Dios, que hay perdón con él, pues  esto es lo que necesitamos. El tiene la capacidad de perdonar el pecado; El se ha declarado a sí mismo clemente y misericordioso, y dispuesto a perdonar (Éxodo 34,6-7). El ha prometido perdonar los pecados de aquellos que se arrepienten. Nunca nadie que trató con él lo encontró implacable, sino dispuesto a oír nuestras súplicas y pronto a mostrar misericordia.»

 

Para recibir el perdón

Cristo murió por nosotros, significa que se hizo hombre para poder engendrarnos al modo espiritual. Significa que por el pecado de nuestros padres y el nuestro estábamos separados del plan de Dios. Todos merecíamos la muerte, más el tomó nuestro lugar para alcanzar por nosotros lo que no podíamos, la transformación necesaria para entrar al reino de Dios. Pero nosotros necesitamos valernos de esta obra de Cristo Jesús, desatándola verbalmente a Dios, es decir: confesándola. Debemos tomar una decisión que implica identificación o con Adán o con Jesucristo.

Nosotros enseñamos que Dios obra de tal modo sobre los corazones de los humanos, que el santo pensamiento, el buen consejo y todo movimiento de buena voluntad procede de Dios, pues por él podemos algún bien, y sin él nada podemos. La gracia da al ser humano no solo la facilidad, sino la posibilidad de ser buenos. La libertad no se extinguió con el pecado original, pero es imposible que con sus solas fuerzas el hombre se levante de la miseria del pecado. Le toca al hombre por su condición de ser libre resistir o cooperar con la gracia. El perdón está dado para todo aquel que se identifique con la verdad de Dios y se someta a su reino. Ya no se le tomará en cuenta el tiempo que estuvo sin Dios, andando a su propia luz. Pero tenemos que tomar una decisión importante ¿quién será nuestro Dios? El Señor o yo mismo.

Preguntas para reflexionar

1.        ¿Qué significa que Dios nos ha perdonado?

2.        ¿Cuál es la base del perdón  del Dios?

3.        ¿Pagó Cristo por nuestros pecados en la cruz?

4.        ¿Qué significa la ira de Dios?

5.        ¿Qué debemos hacer para recibir el perdón de parte de Dios?

 

 Resumen y aplicación

1.        La obra de Jesucristo anuncia el perdón de Dios a la humanidad.

2.        La obra de Jesucristo facilita el cambio de naturaleza a fin de que todo aquel que reciba el perdón adquiera los beneficios del reino de Dios.

3.        Dios perdonó antes de que Jesucristo se manifieste al mundo (Génesis 3,15).

4.        Debemos aceptar la obra de gracia de Dios en Jesucristo si es que queremos ser beneficiarios de los resultados de ella.

5.        Para recibir los beneficios del perdón de Dios debemos identificarnos con Cristo Jesús.

 

 

 

 

 

 

 
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