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El Trabajo I [audio] PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Felipe Rincón Vásquez   
martes, 30 de marzo de 2010

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EL TRABAJO I:

VISIÓN CRISTIANA Y MUNDANA SOBRE EL TRABAJO

El Trabajo en la Bíblia

Génesis 1,26 «Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.»

Génesis 2,7-8 «Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente. 8 Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado.»

Génesis 2,15 «Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase.»


Hay una relación entre «dominio» e «imagen». El deber humano es reflejar la imagen de Dios, y esto se logra al actuar en nombre de él y a favor de la naturaleza y todo lo creado. Estamos llamados a ejercer autoridad y domino sobre lo creado mediante el trabajo.

Trabajar en el mundo es colaborar con el Dios que constantemente lo cultiva y desarrolla, es cuidar con Dios de toda criatura y de la naturaleza. El trabajo es una bendición, un poder, una misión que Dios le dio al ser humano para que dominara sobre todas las criaturas de la tierra.

Génesis 1,28 «Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.»


El trabajo no es una maldición producto del pecado del hombre. La consecuencia es una condición más difícil. Ahora nuestro trabajo es más arduo porque la tierra fue maldita por causa del pecado humano. El hombre siempre iba a trabajar solo que ahora el trabajo más forzoso, ahora no hay placer en el trabajo por el esfuerzo de debemos emplear en él.

Génesis 3,17-19 «Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. 8 Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. 19 Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.»


Visión Mundana del Trabajo

El mundo ve como trabajo solo aquella actividad forzosa, es decir, penosa; que es pagada; y que produce bienes materiales. Difícilmente se considere como trabajo una actividad que no reúna estas condiciones, una actividad que sea realizada con gusto y afición, sin retribución económica y que produce bienes espirituales.

Trabajar es ocuparse con interés de algo. Es ocuparse en un ejercicio, obra o ministerio. Es el esfuerzo humano aplicado a la producción de riqueza, esfuerzo este que puede ser placentero, y riqueza que puede pertenecer a los valores espirituales como naturales.


El trabajo como castigo

El mundo considera el trabajo como un castigo, como una pena. Por ello, la meta es que cuanto menos se trabaje, mejor. El trabajo es considerado como sufrimiento. La palabra latina para trabajo es «tripalium» y procede de un instrumento de tortura compuesto por tres palos. En griego «ponosou» es tanto sufrimiento como trabajo; en francés «travail» que también tiene la idea de sufrimiento, «etre en travail» equivale a estar de parto. Tiene también la acepción de sufrimiento la palabra «labour» en inglés. El diccionario de Sinónimos y Antónimos de Editorial Norma, ofrece como sinónimo de trabajo: molestia, tormento, lucha.


El trabajo como retribución pagada

Fíjese como al referirse a una ama de casa se dice que no trabaja, porque no le pagan. Pero una empleada doméstica que hace lo mismo, trabaja, porque le pagan, además que esa labor es más penosa para la empleada que para el ama de casa. Así que el que se dedica a realizar cualquier labor no pagada, que se realiza por placer, por vocación, no es considerado un trabajador en el mundo. ¿Por qué no te vas a trabajar? Le pregunta un amigo a un dibujante de cuadros. Pero si estoy trabajando, responde. Eso no es trabajo, pues eso no da comida, le responde el amigo. Ciertamente el diccionario de Sinónimos y Antónimos, dice: trabajador, obrero asalariado, jornalero, peón.


El trabajo como transformación de la materia

Solo se considera trabajo verdadero el que transforma la materia, el mundo material. Así Jesús fue un trabajador mientras era carpintero, pero después abandonó el trabajo, dejó de trabajar. Los apóstoles eran trabajadores solo cuando se dedicaron a pescar peces, cuando dejaron de hacerlo, abandonaron el trabajo. El trabajo manual eso sí que es trabajo. Los campesinos y obreros, esos sí que trabajan.


Visión Cristiana del Trabajo

Imagen de Dios y trabajo están relacionados

Los seres humanos en cuanto imágenes de Dios en este mundo, colaboran con Dios por medio del trabajo.

El hombre ocioso que no trabaja, sin energía para obrar positivamente en el mundo, apenas da la imagen de Dios. Ese hombre no es un señor del mundo, sino un siervo del mundo, que vive a la merced de la naturaleza, sujeto a fuerzas que ni conoce ni domina.

La Escritura nos revela que el ser humano fue creado a imagen de Dios y que se le dio potencia y misión para someter a la tierra. De modo que el ser humano es imagen de Dios entre otros motivos, por el mandato recibido de su creador de someter y dominar la tierra. En la realización de este mandato, todo el ser humano, refleja la imagen de Dios.


Mediante el trabajo somos colaboradores de Dios

Dios creó al mundo el solo, pero creó al hombre para mediante su trabajo seguir actuando en el mundo con su colaboración, por ello Dios comunicó al hombre sabiduría y poder para hacerlo su asociado en el mundo. El hombre, todo el ser humano, mediante su trabajo participa en la obra del creador, y en cierto sentido, continúa desarrollándola y la completa. ¿Qué sería del mundo sin el trabajo de los hombres. Así que el que no trabaja, no está cumpliendo con su misión de colaborador.


Todos aquellos, sean obreros, administradores, madres de familia, obreros cristianos, investigadores, campesinos, artistas, y otros, que con una dedicación habitual, cooperamos a las obras de Dios en el mundo, somos verdaderos trabajadores, cada uno aplicando a sus labores propias, la obra de Dios por medio de su Espíritu..


El Trabajo Como Nuestro Deber

Sobre este asunto José Ingenieros, en su libro Las Fuerzas Morales, nos dice: « Todo lo que es bienestar y lo que es belleza, lo que intensifica y expande la vida, lo que es dignidad del hombre y decoro de los hogares y gloria de los pueblos, la espiga y el canto y el poema, todo ha surgido de las manos expertas y de la mente creadora. El trabajo da vigor al músculo y ritmo al pensamiento, firmeza al pulso y gracia a las ideas, calor al corazón, temple al carácter. Solo por él...afirma [el ser humano] su señorío sobre la Naturaleza. El trabajo encumbra a la humanidad sobre la bestia. Saca metal luciente de los más negros antros, convierte el barro en hogar, la cantera en estatuas, el trapo en vela, el color en cuadro, la chispa en fragua, la palabra en libro, el rayo en luz, la catarata en fuerza, la hélice en ala. Su esfuerzo secular creó el poder del hombre sobre las fuerzas naturales, dominándolas primero para utilizarlas después.» y termina diciendo, «El trabajo es un deber social. Lo que viven sin trabajar son parásitos malsanos, usurpando a otros hombres una parte de su labor común. La más justa fórmula de la moral social ordena imperativamente: ¨el que no trabaja no come¨. Quien nada aporta al la colmena no tiene derecho de probar la miel.


Elena de White: «Malgastar el tiempo y despreciar nuestra inteligencia resulta pecaminoso. Si supiéramos apreciar cada momento y dedicarlo a cosas buenas, tendríamos tiempo para hacer todo lo que necesitamos hacer para nosotros mismos o para los demás. Al desembolsar dinero, al hacer uso del tiempo, de las fuerzas y oportunidades, mire todo cristiano a Dios y pídale que le dirija»


Una de las parábolas que registran la Escritura (Mateo 25,14-30) se refiere a un rico hacendado que antes de salir a un largo viaje llamó a sus siervos y le entregó a cada uno cierto capital para ponerlo a producir. A uno le dio cinco talentos, a otro le entregó dos y al tercero le dejó solo uno. Cuando regresó el hacendado les pidió a sus siervos que le rindieran cuentas, los dos primeros habían puesto a producir sus talentos y entregaron los talentos recibidos más las ganancias. Pero el siervo imprudente, el que no había atendido bien su negocio, el que dejaba escapar las oportunidades y aplazaba todo para el día siguiente, echó mano de una excusa de por que no trabajó con el talento recibido.



Aplicación

  1. No se te ocurra jamás dejar librado tu éxito a la casualidad. En confiar a que la suerte te favorecerá y en que un buen viento del cual no sabes como, ni por qué, ni de donde ha de soplar, te conducirás a buen puerto. F. L. Emmerson, citado por Braulio Pérez Marcio, en Cartas a Mis Hijos, dijo: «yo creo a pie juntillas en la suerte. Cuanto más trabajo, más suerte tengo.», Otro dijo «No aguardes con las manos cruzadas que te caiga el bien de lo alto. Si es cierto que Dios sustenta a los pajarillos del aire, también lo es que no les lleva el grano al nido». No es la suerte ni son las circunstancias las que te conducirán al éxito. Será la diligencia, el esfuerzo empeñoso, la perseverancia, la previsión.

  2. El trabajo es tan digno como quien lo realiza. Cuando tenga que realizar una tarea, hazla como si ella fuera lo más importante en el mundo. Con frecuencia encontrarás aquellos que hacen su trabajo a regañadientes, quejándose de su mala suerte, descontentos de sí mismos y de los demás, descontentos de todo lo que los rodea. Ese es un error, es mejor poner entusiasmo y alegría en lo que hacemos. Como obramos así vemos nuestro trabajo como cosa importante y no como algo que hay que realizar para poder subsistir. Braulio Pérez Marcio uno de los escritores que estoy siguiendo, nos dice de un hombre que estaba arreglando una vereda, y alguien le preguntó qué estaba haciendo, a lo que él contestó: «estoy haciendo que este camino les resulte suave a miles de personas.» Ese es el espíritu que hay que tener al trabajar, debemos realizar nuestra tarea de la manera más perfecta que se pueda. El trabajo vale por la perfección con que se hace, y a la perfección no se llega sin esfuerzo.

Un rico comerciante encargó a un pintor un cuadro que representara un gallo, pero debía ser pintado con la mayor fidelidad posible.

  1. No malgaste tu tiempo en cosas intrascendente si puede emplearlo en la realización de obras duraderas. Cuantas veces dedicamos empeño, tiempo y trabajo a cosas efímeras cuando podríamos estar realizando obras mucho más importantes, nos solamente para nuestro carácter y para nuestra economía, sino para beneficio de aquellos que nos rodean. Hay muchas cosas importantes y necesarias que reclaman nuestra atención para estar perdiendo el tiempo en nimiedades.

  2. Que Dios nos ilumine para que seamos capaces de actuar con el verdadero espíritu del trabajo; para que sepamos perfeccionar nuestras acciones y obras de tal manera que lo que realicemos satisfaga nuestros corazones y beneficie a aquellos que nos rodean.

Hay un dicho que dice que el perezoso no llega a la gloria. El perezoso es un holgazán. El holgazán no tiene derecho a comer.

 

 

Modificado el ( martes, 30 de marzo de 2010 )
 
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