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Escrito por Felipe Rincón Vásquez   
sábado, 03 de abril de 2010

El significado de la muerte y resurrección de Jesucristo

 

Un cambio en la percepción del carácter de Dios, nos lleva a un cambio en la interpretación de sus obras.

 

Adjudicamos motivos a las obras de los demás, de acuerdo a nuestra percepción que tenemos de ellos. ¡Que Juan te regaló eso! Uuuhhh, algo quiere Juan. Pero si en cambio es Pedro el que lo ha regalado, no adjudicamos intenciones egoístas, porque tenemos un pensamiento favorable acerca de Pedro.

Así es que funcionamos. Nuestras ideas, nuestros pensamientos, nuestra percepción de las cosas y de las gentes, tienen mucho que ver en cuanto a la interpretación de los fenómenos y acciones que observamos en nuestro medio.

 

Quiero demostrar que un cambio en la forma de ver el carácter de Dios, ha llevado a la humanidad a una determinada interpretación de su obra salvífica, llevada a cabo en la muerte y resurrección de Jesucristo. Que el cambio de percibir a Dios como un poder a favor del hombre, a un poder separado del hombre, ha llevado a la humanidad a interpretar a Dios como un santo y separado, un justo que demanda justicia, mas que un justo que hace justicia. Alguien que se aleja en lugar de alguien que está presente, alguien que demanda una compensación justa.

 

Créditos: Carlos Bravo Gallardo: «Jesús, hombre en conflicto»; José P. Tosaus: «La Biblia como Literatura»; Francois Varone: «El Dios Sádico», y otros: sermones y documentos que me han servido en mi estudio sobre el tema.

 

EL CAMBIO DE PERCEPCIÓN DEL CARÁCTER DE DIOS

 

La tradición profética del Deuteronomio

Hubo un pueblo escogido por Dios para revelar sus propósitos redentores. Pero ese pueblo no entendió a Dios y en tal sentido tampoco entendió sus actos.

 

Primeramente quiero presentar de manera clara y diáfana el desarrollo que se llevó a cabo desde la Ley de la Alianza a la Ley de la Pureza, como esquemas diferentes para determinar la voluntad de Dios sobre el pueblo y sobre los comportamientos que garantizan la vida. Es en este detalle donde podemos ver como pasó de verse a Dios como el amigo cercano, misericordioso y liberador, al Dios santo y terrible que se separa y castiga al pecador.

 

La tradición profética, dice que lo que protege la vida e identidad del pueblo es la justicia y el mirar por el que sufre, como Dios lo hizo con Israel en el Egipto. Más la tradición sacerdotal, pone el acento de la identidad del pueblo en la existencia de condiciones de pureza ritual para el culto. La santidad de Dios es concebida por la tradición profética como la misericordia por la que Dios mira por el que sufre; la tradición sacerdotal la entiende como separación que distancia y excluye. La promesa de Dios es ofrecida a todo el pueblo gratuitamente y se accede a ella mediante el amor a Dios y el mirar por el prójimo en su necesidad; pero la lógica de la pureza genera un dinamismo excluyente que privilegia a unos cuantos selectos.

 

Es visible lo que el Apóstol Pablo dice acerca del pueblo de Israel, que no conocieron a Dios. Romanos 10,1-4

Hermanos, ciertamente la voluntad de mi corazón y mi oración a Dios sobre Israel, es para  salud. 2 Porque yo les doy testimonio que tienen celo de Dios, mas no conforme a ciencia. 3 Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya [propia], no se han sujetado a la justicia de Dios. 4 Porque el fin de la ley [es] el Cristo, para [dar] justicia a todo aquel que cree.

 

LBLA Porque yo testifico a su favor de que tienen celo de Dios, pero no conforme a un pleno conocimiento. BAD No conociendo la justicia que proviene de Dios.

Dicho correctamente Tienen celo de Dios pero no conforme a un pleno conocimiento porque ignoran la justicia de Dios. Leamos la misma porción en la Biblia Latinoamericana del 95

Hermanos, deseo de todo corazón y pido a Dios que los judíos se salven. 2 Declaro en su favor que son fanáticos del servicio de Dios, pero en una forma equivocada. 3 No entienden cómo Dios nos da la verdadera rectitud y se empeñan en construir la suya, y por esta razón no hicieron caso del camino de Dios. 4 Porque la Ley lleva a Cristo, y es entonces cuando por la fe se llega a ser justo.

 

En la tradición profética que corresponde a Deuteronomio 12 al 26 se puede observar el desplazamiento de los derechos de Dios a favor de la vida del pueblo. El Señor cede sus derechos a las víctimas, el sacrificio es comida de comunión, porque Dios no necesita nada para sí; por eso, porque todo es suyo, lo comparte con quien lo necesita, particularmente con el pobre. Así comienza a darse la identificación entre los derechos de Dios y los del pobre; en la tradición sacerdotal, el Señor cede sus derechos a favor del sacerdote, de cuya participación se excluye al pueblo laico. Deuteronomio 16,1-7; Deuteronomio 26,1-15.

Todas las normas que prescribe el Deuteronomio, están particularmente para la protección del débil, más que por los derechos de los fuertes: a eso responden las normas sobre el salario y los préstamos, la remisión de las deudas, la liberación de los esclavos; la función del diezmo no es predominantemente ritual, sino de comunión con el pobre. La redacción deuteronómica predomina por una práctica liberadora del Señor, por la igualdad fundamental de todos los israelitas fundamentadas en las relaciones interpersonales, y la finalidad de todo es la vida, la felicidad del pueblo, la posesión de la tierra, Dios se ha acercado al ser humano; por eso éste debe acercarse a Dios en amor, no en temor. La santidad de Dios consiste en su cercanía misericordiosa. Se revela en un Dios preocupado por la vida de su pueblo y empeñado en hacerla posible. Deuteronomio 14,22-29; Deuteronomio 4,40; 5,16; 6,2-3; 10,13; 11,8-9; Deuteronomio 4,33-34; 6,5; 10,12-15; 11,1.

 

La tradición sacerdotal de Levítico

La redacción del Código de Santidad, que comprende Levítico 17 al 25, es una reacción de los sacerdotes de Jerusalén, donde encontramos una fusión de las tradiciones yahvistas y elohistas. Aunque algunas de sus prescripciones provienen del fondo de Deuteronomio, la orientación sacerdotal cambia las motivaciones: deja de tener relevancia la memoria de la liberación de Egipto para dar paso a la motivación de la santidad: «Porque yo, Yahvé, vuestro Dios, soy santo»; su lejanía de dominio se acentúa; «Porque la tierra es mía y vosotros sois para mí como forasteros y huéspedes»[1]. La perspectiva sacerdotal acentúa el aspecto de separación: «Sed, pues, santos para mí, porque Yo, Yahvé, soy santo, y os he separado de entre los pueblos para que seáis míos»[2].

 

El Código de Santidad es netamente cultual. Se describen las condiciones de pureza de las víctimas para los sacrificios, y se puede observar el cambio de religiosidad que se le imprime, específicamente con relación a la religión del temor, cuando el humo de los sacrificios es «calmante aroma para Yahvé»[3]; a los sacerdotes se les exige una pureza ritual diferente a la moral entendida como separación de la vida cotidiana[4]; viven en el ámbito de lo sagrado, en el santuario que aísla al Señor para que su presencia no sea mortal para el pueblo[5]. Aquí el Señor comparte sus derechos a las víctimas con la casta sacerdotal; nadie del pueblo puede tener acceso a ellas. Su santidad les dispensa de la obligación fundamental de la Alianza, que es el compartir[6].

 

Es importante entender que fue en el exilio y post-exilio cuando son fijadas las tradiciones sacerdotales y que responden en ese momento inicial a una necesidad histórica de conservación de la identidad del pueblo durante esa etapa tan difícil para la fe judía que fue el destierro en Babilonia.

En la ley de la pureza[7] Yahvé se presenta como el alejado, el que se protege de la contaminación del ser humano impuro dándole muerte[8]. La ley de los sacrificios[9] amplía los tipos de sacrificios y los derechos de los sacerdotes sobre las víctimas. Reiteradamente se califica el sacrificio como calmante aroma para Yahvé[10]. El atributo que lo caracteriza frente a la impureza humana es la cólera[11], que se calma mediante el derramamiento de la sangre a la que tiene derecho.

 

Quizás el elemento más negativo es la deformación de la imagen de Yahvé y de las relaciones con su pueblo: el Dios libertador se convierte ahora en la amenaza de su pueblo, cobrándose sus derechos como cualquier poder dominante: todos los israelitas tendrán que pagar el rescate por su vida, amenazada por la presencia de Yahvé en medio de ellos, para que no haya plaga; es una especie de impuesto, de medio siclo, que hará de recordatorio ante Yahvé para que respete sus vidas[12]. El Dios atento al mínimo clamor del pobre necesita ahora un memorial económico para no quitarle la vida. El motivo de la liberación cambia también sustancialmente: «Y reconocerán que yo soy su Dios que los saqué de Egipto para poner mi morada entre ellos»[13]. Hay una desconcertante migración de sentido: El Dios que miraba por los derechos del oprimido no tiene ojos ahora más que para sus propios derechos, amenazados por la existencia misma del ser humano impuro en la cercanía de su santuario.

 

Ya empezamos a ver el origen de la transformación teológica que cambia del Dios de gracia y misericordia al Dios terrible y justiciero. Y porque los judíos no transmitieron un conocimiento perfecto acerca de Dios, y porque no conocieron ni aceptaron al Dios de Jesús, este le era extraño. No era el Dios que recibieron por medio de la tradición. Esto explica por qué a la herencia judeo-cristiana le es difícil quitarse de encima ese Dios exigente y justiciero y comprender la justicia de Dios como el quehacer de su buena voluntad.

 

El significado de justicia

En Oseas 2,21 promete Dios desposarse con su pueblo «en la justicia y en el juicio, en la gracia y en la ternura». Se da el caso de que el que se queja en las lamentaciones, haciendo llamamiento a la justicia divina, aguarde mucho más que una justa sentencia: «en tu justicia dame la vida»[14]; más aún: espera una justicia que es perdón del pecado[15]; ahora bien, justificar al pecador es un acto paradójico y hasta contrario a la doctrina judicial, donde la justificación del culpable es precisamente la falta por excelencia. En diversos himnos del salterio se percibe una paradoja análoga: Dios manifiesta su justicia con beneficios gratuitos, a veces universales, que superan en todos los sentidos lo que el hombre tiene derecho a esperar[16].

 

En Isaías 40-66 la expresión «justicia de Dios» adquiere un relieve y un alcance que anuncian el gran tema paulino. En estos capítulos la justicia de Dios es unas veces la salvación del pueblo cautivo, otras el atributo divino de misericordia o de fidelidad. Esta salvación es un don, que rebasa con mucho la idea de liberación o de recompensa; comporta la concesión de bienes celestiales, tales como la paz y la gloria, a un pueblo que no tiene más «mérito» que el de ser el elegido de Yahveh[17]; toda la descendencia de Israel será justificada, es decir, glorificada[18]. Así Dios se muestra justo en cuanto que manifiesta su misericordia y realiza graciosamente sus promesas[19].

 

Es importante que se entienda que en Dios, la justicia es sinónimo de salvación y liberación, con lo que supone de misericordia y ternura. En el ser humano, «justicia» es experiencia de esa salvación y liberación, de la misericordia y ternura divinas, que transforma la vida humana individual y colectivamente, haciéndola digna resonancia de la justicia divina.

 

Es importante conocer la «justicia de Dios» en su sentido doble 1) Dios es justo y obra con justicia (es decir, es coherente consigo mismo en su designio de salvar al hombre por amor); y 2) esa acción de Dios produce la justicia del hombre (es decir, su salvación), de modo que éste, transformado por esa acción salvadora, manifiesta en sí mismo una justicia que tiene su origen en Dios.

 

 

EL SIGNIFICADO DE LA MUERTE DE JESÚS SEGÚN LA PERCEPCIÓN ADQUIRIDA

Si nos quedamos con la tradición profética del Deuteronomio, entonces, la santidad de Dios es concebida, como la misericordia por la que Dios mira por el que sufre y su justicia como la acción de Dios que produce la justicia del hombre (es decir, su salvación). En ese sentido veremos su obra salvífica a través de Jesucristo como una manifestación de su amor, como una entrega, como un Dios que se da para salvar a la humanidad de la única manera posible. Proporcionando un segundo Adán para que pueda engendrar hijos desde la divinidad alcanzada por medio de la resurrección.

 

En cambio si nos quedamos con la tradición sacerdotal, la santidad de Dios es concebida, como separación que distancia y excluye, una santidad que demanda purificación cultual, y la justicia como satisfacción de la demanda de Dios, que exige un pago, una compensación para satisfacer su justicia.

Es por eso que la muerte de Jesús es vista como satisfacción.    Existen tres modos de cómo se explica la obra de salvación de Cristo que envuelven una satisfacción. El término significa que al sufrir y morir en la cruz, Jesús tomó el lugar de los hombres pecadores y compensó por ellos la infinita ofensa infligida a Dios por sus pecados. Consiguientemente, los salvó satisfaciendo en lugar de ellos las exigencias absolutas de la justicia divina.

 

1er. Modelo: Antropomórfico. Ilustrado a través de ejemplos humanos: Jesús es el amigo que da su vida por su hermano. Jesús nos salva tomando nuestro lugar como sustituto.

 

2do. Modelo: Sacrificial. (Modelo Judío) Ilustrado a través del sistema del Templo en el Antiguo Testamento: Jesús es el gran sumo sacerdote que se ofrece como el último y permanente sacrificio por todos. Jesús el es el Cordero del Sacrificio.

 

3er. Modelo: Judicial. (Modelo griego: los de mente filosófica) Ilustrado mediante uso de términos: Jesús es el Sustituto Voluntario que sufre en lugar nuestro para que así el Juez nos perdone.  Jesús sufre como el sustituto de nuestro castigo. Provee una vía aceptada por Dios como justicia satisfactoria.

La satisfacción desforma el rostro de Dios, haciendo de él un monstruo o una máquina jurídica. El precio del rescate debía ser inexorablemente pagado a ese dios contable e incapaz de perdonar.

 

La satisfacción reduce a Jesús al papel de victima expiatoria, privándolo de lo único que da sentido y virtud a su muerte. Sus obras y su enseñanza no sirven, sino para excitar más al verdugo.

 

La satisfacción deforma el sentido de la Iglesia en su ministerio, haciendo de ella un poder religioso, una mediación entre el hombre pecador y el poderoso amenazante. La religión del temor, entregándolo a ritos y poderes protectores para aplacar, compensar, reparar. Por eso vemos a personas lacerándose, clavándose, arrastrando pesados maderos, para apaciguar la ira de Dios y pode encontrar su favor.

 

El religioso del temor descubre en Jesús, en los méritos de su muerte, una muralla protectora y una mediación eficaz ante la terrible justicia de Dios.

La muerte de Jesús interpretada religiosamente, revela a un Dios como un poder exigente, amenazante y peligroso. Por lo que confirma al hombre su temor ante Dios; tal vez logre aprender a controlar dicho temor, pero lo cierto es que queda encerrado en él. Ese Dios que exige una satisfacción tan terrible –y lo ha demostrado en el suplicio de su propio hijo– hará lo mismo con cualquier hombre. Y es entonces cuando crece el temor alienante y destructor.

 

EL SIGNIFICADO DE LA RESURRECCIÓN SEGÚN LA PERCEPCIÓN ADQUIRIDA

Si nos quedamos con la tradición sacerdotal, la resurrección de Jesucristo no sirve más que para servir como una señal, como un milagro, que nos indica que Dios recibió el pago ofrecido por Jesucristo en la cruz. así que probaba que el sacrificio había sido aceptado. Por tanto, es la muerte, y solo la muerte, la que salva, y toda la atención creyente se centra en la muerte de Jesús: la resurrección no era más que un ornato apologético.

 

Pero estas teorías satisfacionistas pierden sentido si tenemos un reencuentro con la resurrección. No es posible seguir centrándose exclusivamente en la muerte de Cristo, después de descubrir la afirmación de Pablo: ¨si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación y vana nuestra fe¨[20]. No es posible considerarse salvo por el mecanismo de la satisfacción después de leer en Romanos 10.9 ¨si tus labios confiesan que Jesús es Señor y crees en tu corazón que Dios lo ha resucitado de entre los muertos, serás salvado¨ o lo que dice Pedro: ¨Bendito sea Dios... que nos ha regenerado por la resurrección de Jesús de entre los muertos¨[21].

 

EL VERDADERO SIGNIFICADO DE LA MUERTE Y RESURRECCIÓN DE JESUS

El verdadero significado de la muerte y resurrección de Jesucristo está en el cumplimiento de la justicia de Dios, justicia es la voluntad de Dios, es el plan de Dios de salvar y redimir al mundo. Es una entrega de Dios a favor del mundo. Es la presencia de Dios en la tierra para restaurarla.

La muerte de Jesús crea problemas debido a la teoría jurídica y otras que han sido utilizadas para explicarla. La satisfacción en primer lugar aísla la muerte de Jesús y hace de ella un hecho cuyo sentido no le viene ya de lo que históricamente le rodea (la vida y la resurrección de Jesús), sino de una estructura jurídica tomada de otra parte: la relación compensatoria exigida por Dios, entre el sufrimiento de Jesús y los pecados de los hombres.

 

La cruz es justicia de Dios, la cruz es misericordia de Dios, la cruz es gracia de Dios. La mal creencia enseña que: Dios es santo y justo. El hombre es un pecador que merece el justo castigo, por lo que no se puede acercar a (es rechazado por) un Dios santo.  Que Dios debe ser satisfecho para que pueda y quiera salvar.  Dios perdona por ser satisfecho. Después de ser pagado ¿Quién pago? Cristo con su sangre. La sangre de Cristo es reducida a un simple instrumento de pago. Al sufrir y morir en la cruz, Jesús tomó el lugar de los humanos pecadores y compensó por ellos la infinita ofensa infligida a Dios por sus pecados. Consiguientemente, los salvó satisfaciendo en lugar de ellos las exigencias absolutas de la justicia divina. ¿Es eso perdón?

 

La creencia correcta enseña que: Dios nos vio perdido y de pura gracia nos perdonó. Que Dios perdonó sin exigir nada a cambio, ninguna compensación. Por habernos perdonado envió a Cristo como provisión para revelar el camino de salvación. Cristo abrió el camino con su muerte, por haber muerto y resucitado como hombre, consiguió el poder engendrar al hombre a lo divino. Es una provisión. Abrió y reveló el camino. Jesús en el madero, en el Calvario, no es satisfacción, sino provisión y revelación. Es un perdón provisto por Dios. Porque perdonó proveyó la vía, el Camino de Salvación. Evangelio, es igual a Buenas Nuevas. El Evangelio es el anuncio de un Camino de salvación. Evangelio es buena noticia: Dios proveyó un Camino de salvación para el ser humano que se había perdido.

 

La gracia, no una justicia legal de Dios redime al mundo.

Lucas 15:1-2: ¨Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come.¨        

Lo que vemos aquí es digno de atención. Se trata de hombres de Dios que se enfrentan a propósito de sendas prácticas totalmente diferentes. Para los administradores del poder religioso, Jesús quebranta la ley de la pureza, enfrentándose a la santidad de Dios e incapacitándose para el culto. Sin embargo, Jesús no conoce a Dios como el Santo que rechaza y condena, sino como el Santo que atrae a sí a los necesitados, que se regocija con el hijo que le busca.

 

Conclusión y Aplicación.

1.    Aprendamos a conocer el verdadero Dios.

2.    El carácter de Dios es perdonador.

3.    La Justicia de Dios es la manifestación de su plan, de su voluntad.

4.    Jesucristo en la cruz no es satisfacción, no es pago. Es amor, entrega, justicia de Dios. Es salvación por gracia. Es conquista de un reino perdido. Es señal del acercamiento de Dios a los pecadores.



[1] Levítico 25,23

[2] Levítico 20,26

[3] Levítico 17,6

[4] Levíticos 21,1.5-6.9.11.17

[5] Levítico 22,3.9

[6] Levítico 22,10-16

[7] Levítico 11-16

[8] Levítico 10,1-3

[9] Levíticos 1-7

[10] Levítico 1,9.13.17; 2,2.9.12; 3,5.16; 4,31; Número 8,3.13.14.24ss

[11] Número 17,10-15.27-28; 18,5; Levítico 10,1-13; Éxodo 28,35.45; 30,11-16; 40,34-35

[12] Éxodo 30,11-16

[13] Éxodo 29,46

[14] Salmo 119,40.106. 123; 36,11

[15] Salmo 51,16; Daniel 9,16

[16] Salmos 65,6; 111,3; 145, 7.17; cf. Nehemías 9,8

[17] Isaías 45,22ss; 46,12s; 5l,lss. 5.8; 54,17; 56, 1; 59,9

[18] Isaías 45, 25

[19] Isaías 41,2.10; 42,6.21; 45,13.19ss

[20] 1 Corintios 15.4

[21] 1 Pedro 1.3

Modificado el ( sábado, 03 de abril de 2010 )
 
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