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La Pobreza I [audio] PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Felipe Rincón Vásquez   
domingo, 04 de julio de 2010

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LA POBREZA EVANGÉLICA I


Propósito: Instar a los miembros del cuerpo de Jesucristo, que los que poseen deben tener como si no tuvieran, es decir, sin ser dominados por lo que poseen, con perfecta libertad de corazón. Y dar esperanza a los que no poseen, motivarlos a que deben ser fieles en su peculiar situación, y tomar manos de los valores que ofrece la pobreza.


La Biblia nos dice en Lucas 6.20 ¨ bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de los cielos ¨. Cuando Jesús quiso dar una señal de que era el Mesías esperado dijo: ¨ los ciegos ven, los cojos andan... y a los pobres es anunciado el evangelio ¨.

¿A qué pobreza se refería Cristo? Por un lado encontramos los que ven la pobreza o falta de bienes materiales como una virtud. Como desprecio a los bienes materiales. Estos propugnan por un ascetismo mendicante y un resabio hacia los ricos y la riqueza.


Otros son los que espiritualizan la pobreza evangélica; presentando la falta de bienes materiales como un mal y la riqueza como una bendición de Dios. Estos procuran alcanzar lo mejor de este mundo para una vida feliz. Y hay hasta quienes condenan a la pobreza como señal de pobreza espiritual.


Siendo que todo cristiano debe representar correctamente a Cristo y su Palabra en este mundo, debemos buscar la correcta interpretación de su mensaje para conseguir una aplicación acorde a sus objetivos.


LA POBREZA EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

Los judíos en término general consideraban que la riqueza era un signo de la bendición de Dios sobre los justos (Job 42,10; Ezequiel 36,28-30; Joel 2,21-27). Sin embargo el Siervo del Señor que se anuncia como salvador en Isaías 52 al 53, no es descrito en riqueza y gloria, sino en pobreza y humillación. Además según Sofonías 3,12, el proyecto del Señor se iba a cumplir con un resto del pueblo humilde y modesto que esperaban en el nombre del Señor. Isaías 29,19 dice que «Los humildes aún se alegrarán con Yahvé y los más pobres quedarán felices con el Santo de Israel». Por estos pobres vendrá la salvación de Dios.


LA POBREZA VISTA COMO UNA VIRTUD

Lucas 6.20 ¨ bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de los cielos ¨. Pero ¿quienes son esos pobres? Los hay quienes supones que esto se refiere a los que son económicamente pobres, sin más. Para estos los pobres son los buenos y los ricos los malos. La pobreza aparece como un bien si, y la riqueza como un mal en sí. Un ejemplo de los que ven la pobreza como una virtud lo encontramos en santa Clara, quien veía la pobreza como un privilegio. Santa Clara era seguidora de las enseñanzas de Francisco de Asís, quien creó la orden de los mendicantes. Esta mujer alaba la pobreza, le llama ¨ la santísima pobreza ¨, y proclama:

¨¡Oh pobreza bienaventurada que da riquezas eternas a quienes la aman y abrazan!

¡Oh pobreza santa, por la cual a quienes la poseen y desean, Dios les promete el reino de los cielos, y sin duda alguna les ofrece la gloria eterna y la vida bienaventurada!

¡Oh piadosa pobreza, la que se dignó abrazar con predilección el Señor Jesucristo, el que gobernaba y gobierna el cielo y la tierra, y, lo que es más, lo dijo y todo fue hecho!...

Tú, al preferir el desprecio del siglo a los honores, la pobreza a las riquezas temporales, y guardar cuidadosamente los tesoros en el cielo y no en la tierra, allí donde ni la herrumbre los corroe, ni los come la polilla, ni los ladrones los descubren y roban, te has asegurado una recompensa copiosísima en los cielos... y es imposible morar con gloria en el siglo y luego reinar con Cristo. Y antes pasará un camello por el ojo de una aguja que subir un rico al reino celestial.¨


Como se puede apreciar en este y otros escritos de Clara, su clamor era inducir a otros a comprometerse una y otra vez con lo que llamó ¨nuestra señora la santísima pobreza¨. Observar la pobreza es ganar las riquezas del cielo. Dios es un Dios de los pobres, pues la meta es ser pobre para estar bajo la protección de Dios. Por ello sus seguidores concluyen diciendo: ¨debe haber algunos puntos muy concretos en que tú podrías ser más pobres para acoger mejor el abrazo del Cristo pobre¨.


Esta opción por la pobreza y por los pobres como una virtud en sí misma motivó el hecho de que muchos evangelizadores procuraran atraer al cristianismo solo a los pobres, y cuando un rico creía en las doctrinas cristiana se le exigía abandonar las riquezas. Por ello el cristianismo durante mucho tiempo en diversos lugares, fue visto como una religión de los pobres e incultos.

Esta opción por la pobreza material presentada como una exigencia inexorable del seguimiento a Cristo es anti-evangélica porque siembra la lucha de clases, niega a los ricos el derecho a la salvación, y no recoge el espíritu de las bienaventuranzas de Mateo, que se refiere a la pobreza de espíritu.

La Biblia nos presenta los bienes materiales como creados por Dios para beneficio de los hombres. Jesús nos dice que no es lo que viene de afuera lo que contamina al hombre (Marcos 7.14, 15).

El disfrute de los bienes materiales no es censurado directamente en el Evangelio, sino por el contrario cuando este disfrute tiene lugar en el contexto de la fraternidad humana, se le presenta como una señal del banquete del reino.

Jesús participa en banquetes de bodas y otras invitaciones de los publicanos y pecadores. Promete la liberación de todas las miserias humanas. El problema no son los bienes materiales en sí, sino el sentido que el hombre les da en la propia orientación de su vida y el uso que hace de ellos.


La pobreza como una virtud en si misma es una evaluación masoquista del llanto y la pobreza por sí mismos, valoración que es ajena a la promesa adjudicada a cada bienaventuranza de Cristo en el Sermón del Monte. Santo Tomás enseña que «la pobreza es loable en tanto que libera al hombre de los vicios en que algunos están presos por sus riquezas... Pero la pobreza, en la medida en que priva a alguien del verdadero bien que puede emanar de las riquezas, es decir, cuando no permite ayudar a los demás e incluso proveer a la propia subsistencia, es un mal, absolutamente hablando. En efecto, la pobreza no es un bien en sí misma, sino en cuanto libera de las preocupaciones que impiden al hombre dedicarse a las cosas espirituales».


LA POBREZA COMO UN ACTO SACRIFICIAL

Muy acorde con la idea del valorizar la pobreza están aquellos que la ven como un acto sacrificial. Como un castigo necesario a nuestro cuerpo para bien del espíritu. Como un acto purgatorio del pecado.

Cristo sufrió al tomar nuestro lugar por medio de su sacrificio vicario, él no fue castigado, pero sufrió para que nosotros no seamos castigados. Ya no se exige más sacrificio por el pecado. El sacrificio que corresponde a nosotros es un sacrificio vivo, esto nos habla de un morir voluntario a los deseos de la carne para que es espíritu domine en todos nuestros actos. Es un lucha interna que corresponde a mi santificación, no un acto de entrega a Dios, como un pago o para apaciguar la ira de Dios por mi pecado. Es más bien una disciplina espiritual. En este sentido el cristiano renuncia a la riqueza de este mundo. No a la riqueza del mundo creado, sino a la riqueza que corresponde al mundo como sistema apartado de Dios, lo que el mundo exige, lo que reglamenta, lo que es necesario para estar al nivel de esta sociedad, de este sistema mundanal. Esta es la riqueza que hay que abandonar en pro de la riqueza celestial, de aquella que Dios nos da hoy, y que nos abundará en su manifestación; es esa la que no añade tristeza.


La pobreza considerada como un resabio o desprecio a los bienes materiales es una desviación de la enseñanza cristiana. Se trata de un dualismo absoluto según el cual hay dos reinos que están en eterna pugna. Uno es espiritual y el otro material. Según esto se enseña que la materia es intrínsicamente mal. Un maestro religioso llamado Maní del principio del siglo III, enseñaba que Jesús vino a este mundo en apariencia de forma humana para ayudarnos a liberarnos de la materia. Este señor presenta su mensaje entre los cristianos en terminología del Nuevo Testamento por lo que esa manera de pensar se encuentra entre algunos movimientos cristianos dualistas que surgieron en los siglos siguientes, como los paulicianos, los bogomiles y los albigenses. Dice el Diccionario de Historia de la Iglesia que ¨ para alcanzar el fin deseado de la liberación del espíritu, los adeptos del maniqueísmo practicaban el ascetismo en diferentes grados. Los perfectos eran vegetarianos y se abstenían de las relaciones sexuales...¨


LA POBREZA VISTA COMO UN MAL

Otros en cambio, consideran a la pobreza como un mal y la riqueza como un bien. Vemos a los predicadores de la prosperidad que exhiben costosos peinados, joyas y maquillajes, viven en suntuosas mansiones, poseen caros automóviles y aviones privados. Estos han convertido el evangelio de la gracia en un evangelio de avaricia; y enseñan que la prosperidad es el derecho divino de cada creyente. Que los cristianos prósperos en términos materiales lo son también espiritualmente, en tanto que a los pobres se les percibe como indigentes espirituales. Ser pobre es un pecado, dicen; porque la promesa de Dios es la prosperidad.

Hank Hanegraaff nos dice: ¨ numerosos cristianos están siendo transformados por nuestra cultura más que por Cristo. Buscar el reino de Dios y su justicia ha sido pervertido en la búsqueda de nuestro propio reino y todo lo demás sobre lo que podamos poner nuestras manos ¨.


Tanto el desprecio a los bienes materiales como la doctrina de la prosperidad desvirtúan la verdadera enseñanza en cuanto a la pobreza evangélica.


LA POBREZA ESPIRITUAL

Algunos entienden que los pobres son los humildes, los pobres de espíritu en un sentido marcadamente espiritual. San Bernardo, por ejemplo, dice que el Señor en esa bienaventuranza habla más bien de los «pobres en espíritu, es decir, de los que son pobres con la intención espiritual, con un espiritual deseo, por solo el beneplácito de Dios y la salud de las almas». Esta interpretación tiene parte de la verdad pero está incompleta. Los pobres del Evangelio son


LOS QUE VIVEN LA POBREZA EFECTIVA CON HUMILDAD DE CORAZÓN

Juan Maldonado, en el siglo XVI, comentando Mateo 5,3, afirma: «Para mí es indiscutible que se trata de los verdaderos pobres, porque el nombre griego que usa el evangelista significa pobres y algo más, mendigos, que es como Tertuliano juzgó acertadamente que se debía traducir. De los humildes se habla en el verso 4, al decir, ¨bienaventurados los mansos¨. Además se ofrece el reino de los cielos como riqueza que se da a los indigentes: Lucas les contrapone los ricos, y no los sobervios». (Rivera José - Iraburu José María: La Teología Espiritual, síntesis de la espiritualidad católica)


La pobreza de espíritu nos lleva a un despegue de los bienes materiales. No se puede decir que alguien es pobre de espíritu cuanto tiene una inclinación a la riqueza, porque el espíritu es contra la carne; y todos los bienes de este mundo son para la carne, cuando los mismos no son usados para la gloria de Dios y el bien de la comunidad.

Jesús nos enseñó el verdadero sentido de la pobreza. Si queremos seguir sus huellas es necesario que destaquemos que Jesús vivió verdaderamente como pobre, abrazó la condición humana como una condición de pobreza, y en esta condición humana siguió una vida de pobreza. Su nacimiento fue el de un pobre, vivió en una familia que se ganaba el pan diario con el oficio de José, como carpintero. En su vida pública dijo que no tenía donde reclinar la cabeza, y murió pobre, teniendo que ser sepultado en una tumba ajena.


Jesucristo quiso que sus colaboradores mas íntimos vivieran pobremente, y de hecho los apóstoles, por iniciativa de Jesús, lo dejaron todo (Mateo 19,17; Lucas 18,29). Dejan campos, casas, barcas, redes, oficinas, en fin, todo lo que tenían, para mejor servir a Jesús entre los seres humanos. Y los cristianos, cada uno según el modo propio de su vocación, debemos seguir el ejemplo de Jesús y de los apóstoles llamados a la pobreza (1 Pedro 5,3).


LA POBREZA Y LA GRACIA

Pobre es una persona que carece de lo necesario para cubrir sus necesidades más elementales. Pero ¿Qué es lo necesario? El Señor Jesucristo definió como necesario: la comida, el beber y el vestido. Pablo hablando sobre ese mismo asunto dice que lo necesario es abrigo y sustento. ¿Significa esto que tener algo más de lo necesario o aún desearlo es un obstáculo para recibir la gracia de Dios? No necesariamente.

Para los budistas la felicidad se logra cuando se puede suprimir todos los deseos. Pero esa no es la enseñanza cristiana. Cuando nuestros deseos son causas de descontento y disminuyen nuestra capacidad de deleitarnos en las cosas santas, nos llevan a rebajar las normas de santidad que Dios exige, desvían nuestro tiempo y nuestros pensamientos al punto de llegar a descuidar el reino de Dios, y el cuidado de nuestras almas. Cuando nos encontramos soñando en cosas de esta vida; y nos trae desasosiego e intranquilidad, el no poseer esas cosas. Cuando nuestros deseos y todo lo que poseemos no están bajo el control de las verdades que profesamos, entonces esa riqueza y esos deseos nos apartan de la gracia de Dios.


El asunto es que muchas veces Dios nos está dando para lo necesario, pero nosotros estamos gastándolos en vanidades, descuidando lo necesario, y luego vamos pidiendo más y diciendo que Dios no provee. Debemos aprender a gastar o invertir lo que Dios nos da. ¿Cuál es tu criterio a la hora de comprar? ¿Presupuestas tus entradas dando lugar primeramente a las cosas esenciales de tu vida o eres de los que compran antes de conseguir el dinero? ¿Es tu acción de comprar guiada por tus instintos carnales, por tus deseos vanidosos, para luego tener que buscar prestado para gastar en lo necesario?


Desde el punto de vista evangélico la pobreza no es una virtud en sí misma, ni un acto sacrificial, ni tampoco un desprecio de los bienes materiales. Se trata de una renuncia a las riquezas de este mundo que nos separa de Dios.


El problema no son los bienes materiales en sí. El sentido que el humano les da y el uso que de ellos hace, son las grandes áreas de la ética económica y de la espiritualidad evangélica en torno a los bienes.


Jesús prefiere la pobreza y los pobres prefieren a Jesús, pues en él tienen a un salvador. En Juan 7:48-49 leemos «¿Hay algún jefe o algún fariseo que haya creído en él? Pero esa gente que no conoce la Ley, ¡son unos malditos!»

Cuenta Minucia Félix, cristiano, que los fieles eran vistos como una «facción de miserable vedada por la ley, gavilla de desesperados, hombres ignorantes de la última hez de la plebe, mujercillas crédulas» y para Luciano de Samosata «Estos infelices son simplemente unos pobres diablos». Del mismo modo Celso ve a los cristianos como «pobres gentes embaucadas, cardadores (esto es, personas que tienen como oficio hilar la lana), zapateros y bataneros (el que cuida de los batanes o trabaja en ellos), las gentes, en fin, más incultas y rústicas, que delante de los señores o amos de casa, hombres provectos discretos, no se atreven ni a abrir la boca; pero apenas toman aparte a los niños y con ellos a ciertas mujercitas sin seso, hay que ver las cosas maravillosas que sueltan» (Rivera José - Iraburu Jose´s María: La Teología Espiritual, síntesis de la espiritualidad católica)


Sin duda los cristianos tenían una condición deslucida socialmente hablando. Dice Pablo a los corintios «Fíjense, hermanos, en ustedes, los elegidos de Dios: ¿cuántos de ustedes tienen el saber humano o son de familias nobles e influyentes? Dios ha elegido lo que el mundo considera necio para avergonzar a los sabios, y ha tomado lo que es débil en este mundo para confundir lo que es fuerte. Dios ha elegido lo que es común y despreciado en este mundo, lo que es nada, para reducir a la nada lo que es.» (1 Corintios 1:26-28).

Santiago 2,5: «Miren, hermanos, ¿acaso no ha escogido Dios a los pobres de este mundo para hacerlos ricos en la fe? ¿No les dará el reino que prometió a quienes lo aman?»


Ya se ve, que antes como hoy, al banquete del Reino acuden sobre todo los pobres, tullidos, ciegos y cojos. Y no debemos avergonzarnos de esto, sino al contrario, regocijarnos como María, quien alabó al Padre porque «Ha quitado a los poderosos de sus tronos; y ha exaltado a los humildes; A LOS HAMBRIENTOS HA COLMADO DE BIENES y ha despedido a los ricos con las manos vacías.» (Lucas 1,52-53)


Conclusión: Los que poseen deben tener como si no tuvieran, es decir, sin se dominados por lo que poseen, con perfecta libertad de corazón. Y los que no poseen deben ser fieles en su peculiar situación.


El Nuevo Testamento presenta los peligros que acechan al uso de los bienes materiales y al sentido que el ser humano puede darles:

  1. La primera tentación es la idolatría, que aparece en la Biblia como el más grave pecado de Israel, la tentación de convertir los bienes materiales en dioses y poner en ellos toda la seguridad. Rendirles culto y dejarse dominar por ellos, ponerse a su servicio en vez de servirse de ellos como un medio útil, poner en ellos toda la fe y toda la seguridad. Frente a este peligro de las riquezas, Jesús valora la pobreza en el contexto de la Providencia, de la confianza absoluta en el Padre y en el valor absoluto del Reino (Mateo 6.25-34).

  2. Segunda tentación: el egoísmo y la acumulación de bienes, con la consiguiente ruptura de la comunidad fraterna. El proyecto de Dios sobre la humanidad es uno de participación, de comunión. Los bienes materiales son instrumentos al servicio de esta vocación esencial del hombre a la comunión y participación. Los bienes materiales pueden ser utilizados para construir la comunidad cristiana. El ideal no es la pobreza, sino la justicia y la misericordia (Lucas 16.19-31.

  3. Tercera tentación: es la de pensar que es posible compaginar el servicio a Dios y a los bienes materiales. Jesús afirma en Mateo 16.13 que es imposible servir a Dios y a las riquezas. A partir de esto Jesús manifiesta la dificultad que suponen las riquezas para conseguir la salvación y para seguirle (Mateo 19.23-24). El seguimiento exige poner los valores del reino por encima de cualquier otro valor. Nadie condena a los ricos. El derecho a la salvación y al juicio depende de ellos, tienen que optar por Dios o por las riquezas, por la justicia y la fraternidad o por la acumulación egoísta. Si opta por Dios verdaderamente tendrá que poner sus bienes al servicio de la fraternidad humana y cristiana. Esta es la elección de Zaqueo (Lucas 19).

No me refiero a entregar sus recursos a uno de estos ¨ vivos ¨ que disfrazados de ministros de Cristo persuaden a la gente a que les entreguen sus bienes, para ellos vivir una vida de lujos. No, tú eres el responsable de administrar lo que Dios te has dado. Procura administrarlos según la justicia, la misericordia y la verdad.


 

 

Modificado el ( domingo, 04 de julio de 2010 )
 
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