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Escrito por Felipe Rincón Vásquez   
martes, 14 de septiembre de 2010

Lección 18

LA IGLESIA, EL CUERPO DE CRISTO

Fondo bíblico:

1Corintios 12,12-27

Efesios 1,22-23; 5,23-32

Romanos 12,4-8

Colosenses 1,18; 2,19

Hebreos 10,24

¿Cuál es el cuerpo de Cristo?

El cuerpo de Cristo es aquel cuerpo de creyentes nacidos de nuevo que han sido unidos a Jesucristo por el Espíritu Santo (1Corintios 12,12-14), para llevar a cabo la tarea que él comenzó de testificar y establecer reino de Dios. Jesús dio al creyente la autoridad de su nombre y el poder del Espíritu Santo para que de parte suya, estemos involucrados en el establecimiento del reino de Dios aquí en la tierra. Todos los discípulos de Jesús están unidos en esta labor, teniendo cada uno un papel que juzgar. Estos necesitan trabajar juntos como un cuerpo de muchos miembros con Jesús como cabeza.

Nuestra lealtad como discípulos es a Jesús y después a la iglesia local donde nos ha colocado. Todos los creyentes no pueden reunirse a la vez en la iglesia universal, ni ese ha sido el propósito de Dios, por eso ha ordenado que nos reunamos en grupos reducidos, bien sea en una iglesia de ciudad (1Corintios 1,2) o en una iglesia en una casa (Romanos 16,5). Esto es el cuerpo de Cristo visible de gente comprometida. Esta iglesia local no consiste en un sacerdote y gente. Consiste en creyentes nacidos de nuevo, todos los cuales son sacerdotes (1Pedro 2,9). Jesús está comprometido a edificar su iglesia en la tierra y no va a permitir que Satanás la venza (Mateo 16,18). Como discípulos deberíamos dedicarnos a la iglesia, que es la vida compartida en Cristo (Hechos 2,42).

 

Varias imágenes

No existe ninguna imagen que por sí sola pueda describir adecuadamente lo que Dios tiene en mente para su pueblo. Pablo usa unas cuantas imágenes para ilustrar varios aspectos de la revelación de Dios acerca de la iglesia:

1.   Un templo

Esto revela el propósito divino de edificar un pueblo unido para que sea morada de Dios por su Espíritu Santo (Efesios 2,19-22; 1Corintios 3,16). Somos piedras vivas edificadas en una casa espiritual para que podamos ser un sacerdocio santo ofreciendo sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo (1Pedro 2,4-5).

2.   Una familia

Esto nos ayuda a apreciar el propósito de Dios de envolvernos en su familia y hacernos coherederos con Jesucristo (Romanos 8,17; Hebreos 2,10. 14-17). La iglesia es un estilo de vida y no una actividad. La iglesia no es un club religioso en el que decides matricularte, sino que es una familia de Dios a la que fuiste añadido (Hechos 2,47).

3.   Una novia

Esto nos ayuda a comprender la unidad que Cristo y su iglesia han de experimentar juntos, en mutua relación y compromiso personal (Efesios 5,22-32; Juan 17,11.21).

4.   Un cuerpo

Esto nos ayuda a comprender el deseo de Cristo de usar su cuerpo presente, la iglesia, para ministrar vida y sanidad de la misma manera que la ministraba en su camino terrenal (1Corintios 12,1-31).

Esto es un llamado que exige un cuerpo de personas que estén funcionando en las mismas esferas de poder y autoridad que ministraba Jesús. Antes que al hombre se le pueda confiar tal autoridad y poder, debe hacer un reconocimiento de los principios divinos y una sumisión a Cristo, la cabeza del cuerpo.

Recuerda, Dios originalmente no planeó las denominaciones, por ejemplo, iglesia anglicana, metodista, bautista, etc., han llegado a ser identificaciones de grupos humanos a lo largo de la historia de la iglesia. Jesús fundó y está edificando una iglesia, un cuerpo, al que todo creyente nacido de nuevo pertenece (Efesios 4,4; Mateo 16,18).

Características de la Iglesia

1.   La jefatura de Jesús

Jesús estableció la iglesia. La está edificando y la controla y dirige (Colosenses 1,18; 2,19; Efesios 1,22-23; 4,15-16). Nosotros como el cuerpo de Cristo, compartimos su vida y estamos bajo su control. La manera en que funciona el cuerpo físico es haciendo lo que la cabeza le dice que haga. Esto necesita que cada parte del cuerpo esté funcionando debidamente, obedeciendo las señales provenientes de la cabeza. El cuerpo de Cristo funciona de la misma manera.

2.   Unidad del Espíritu

1Corintios 12,12-13; Efesios 4,2-3.32. Todos los creyentes son parte de un cuerpo y existe una unidad invisible entre ellos, porque todos comparten el mismo Señor Jesús. Jesús oró por la unidad total entre todos los creyentes (Juan 17,20-23). Tal como cada uno de nosotros tiene un cuerpo con muchos miembros, y de estos miembros no todos tienen la misma función así en Cristo, nosotros, que somos muchos, formamos un cuerpo y cada miembro aunque tiene distintas funciones, pertenece a todos los demás miembros. No podemos ser indiferentes. Esto sería parecido a quitarle la mano y esperar que opere independiente del cuerpo. La iglesia incluye toda clase de personas, algunas de las cuales nunca habrías escogido como amigo. Pero Dios los escogió a ellos y a ti, y en su sabiduría los juntó. Esto requiere amor. El amor de Dios es el cemento que mantiene la iglesia unida. Cuando el Espíritu Santo vino a ti en salvación te trajo aquel amor (Romanos 5,5).

3.   Variedad de dones y funciones

El cuerpo no está compuesto de una parte sino de muchas. Hay distintas clases de dones, servicio y obras, pero es el mismo Dios, que los obra todos en cada ser humano (1Corintios 12,4-11). Tal como las partes del cuerpo humano son variadas en función así son los miembros del cuerpo de Cristo. Todos tenemos una parte concreta que desempeñar, aunque todavía puede que no esté claro cual sea esa parte o papel. No hay partes del cuerpo de Cristo que no tenga su función. Hemos sido escogidos y puestos en ese cuerpo para un propósito especial. Su papel será adaptado a tus dones y personalidad.

4.   Dominio de Dios

1Corintios 12,11. Es Dios quien ha organizado las partes del cuerpo y quien hace nombramientos en él (1Corintios 12,27-28). A veces puede que haga saber su voluntad por medio de su autoridad delegada (Hebreos 13,17). Los miembros del cuerpo de Cristo necesitan aceptar su lugar. Muchos intentan ser lo que Dios no les ha llamado a ser. Necesitamos averiguar cuál es nuestra función en Dios y aceptarla, aferrarnos a ella, desarrollarla y llevarla a cabo. Si un discípulo de Jesús intenta funcionar en un área a la que Dios no le ha llamado, entonces él nunca tendrá éxito y en el cuerpo de Cristo faltará una función. El cuerpo de Cristo funciona mejor cuando cada miembro está haciendo lo que Dios le ha llamado a hacer. Si Dios te ha puesto en el cuerpo, entonces tendrá algo para que hagas dentro de él.

5.   Debidamente relacionado

Los miembros del cuerpo de Cristo necesitan estar debidamente relacionados con la cabeza, Jesucristo, y los unos con los otros. Nos necesitamos los unos a los otros (1Corintios 12,21), por tanto, debemos aceptarnos los unos a los otros como Cristo nos aceptó (Romanos 15,7), aprendiendo a perdonar –como él nos ha perdonado- y soportándonos los unos a los otros (Efesios 4,2; Colosenses 3,12-14). Mucho de tu crecimiento y desarrollo como cristiano vendrá por medio de tu relación con otros creyentes. Esto no solo sucederá por lo que compartan los líderes y otras personas contigo, sino también por lo que compartas tú con ellos.

El desánimo, probablemente, es el arma más eficaz de Satanás para empezar a dominar a los cristianos. Reconociendo esta verdad, Dios espera que su pueblo se reúna, contrarrestando tal situación por medio del ánimo mutuo (1Corintios 14,26; Colosenses 3,16; Hebreos 10,24-26). Necesitamos edificar y animar el cuerpo de Cristo y todos trabajar juntos como debiéramos (1Tesalonicenses 5,11). La palabra animar en el griego viene de edificar. Somos llamados, como discípulos de Jesús, para estar involucrados juntos en una obra que Dios ya está haciendo, es decir, edificar su Iglesia. Jesús nos describe como la sal de la tierra. Uno de los usos de la sal es dar sabor a la comida, para que disfrutemos la comida en todo su sabor. Como la sal de la tierra, somos llamados a sacar lo mejor en otros, de ese modo edificamos tanto a ellos como a nosotros mismos a la vez.

6.   Compromiso

Debido a los propósitos únicos que Dios ha anunciado para el cuerpo, el plan tremendo que tiene para él, y debido a las relaciones complejas en el cuerpo, ningún creyente verdadero puede encontrar realización y satisfacción fuera del cuerpo de Cristo: la Iglesia. El no identificarse con el cuerpo visible de Cristo, es decir, la iglesia local, es separarse del cuerpo de Cristo en su totalidad. El cuerpo solo puede crecer cuando cada miembro funciona como debiera. Esto exige un compromiso. Entonces el cuerpo verdaderamente será la expresión de Jesús en la tierra (Efesios 4,16).

7.   Servicio

La actitud real hacia Jesucristo se ve por la actitud hacia su cuerpo, la iglesia (1 Juan 4,20). Una vida de servicio para Dios es la vida más satisfecha que existe, porque somos creados por Dios para servicio. Muchas veces puede haber una falta de inclinación a aceptar un papel que parece ser menos importante, o un papel que está en sumisión a otro. La gente cree que esto desmerecería su dignidad. También puede haber muchas veces un deseo de dominar o dirigir, cuando no hay ni la habilidad ni el llamamiento para hacerlo. Una buena voluntad de aceptar la dura disciplina de responsabilidad, y una actitud de humildad de servicio que Jesús ejemplificó tan claramente, ha de ser el centro de una vida que sea llamada al liderazgo. Además de todo esto, puede haber un desgano de aceptar tareas bajas, porque el servicio se ve solo en términos de lo que es claramente recompensador o agradable. Nunca deberíamos comparar ni tasar ministerios, ni tampoco ningún servicio para Dios. Dios no lo hace nunca. El no tiene un ministerio sobre otro. Para él todos son importantes. En primer lugar, el da el ministerio de servicio. Todo lo que busca es un vaso utilizable que sea fiel en hacer aquello que él ha deseado.

Los miembros del cuerpo que parecen más débiles son necesarios (1Corintios 12,22). Puede parecer que algunos miembros tienen solo una parte pequeña que jugar en el cuerpo, pero son necesarios para el debido funcionamiento del mismo. En efecto, Dios muchas veces les da más honra (1Corintios 12,21). Los miembros del cuerpo de Cristo deberían respetarse, cuidarse y honrarse los unos a los otros. No debería haber división en el cuerpo de Cristo sino que todos los miembros del cuerpo deberían tener el mismo cuidado los unos de los otros (1Corintios 12,25-27).

Mientras esperas a descubrir tu papel en el cuerpo, haz lo que se necesite hacer con toda tus fuerzas (Eclesiastés 9,10). También necesitamos ir con cuidado respecto a nuestros motivos para el servicio (1Corintios 13,1-3). No deberíamos hacer nada principalmente para nuestro propio beneficio o satisfacción, sino hacer todo para la gloria de Dios y la extensión de su Reino.

Deberíamos desear servir a nuestros condiscípulos de Jesús, que son parte del cuerpo de Cristo. Jesús enseñó que el servir a otros es el camino hacia la promoción en su Reino. Jesús mismo no para tener un siervo sino para ser un siervo, y nosotros necesitamos hacer lo mismo (Mateo 20,25-28; 25,40)

Cómo cumplir tu función en el cuerpo de Cristo

1.   Sé lleno del Espíritu Santo (1Corintios 12,13).

2.   Desempeña tu papel sin envidiar el de otro. Una tus dones y habilidades para servir al cuerpo como buen administrador de Jesucristo (1Corintios 12,15-16; 1Pedro 4,10).

3.   Haz sitio para otros (1Corintios 12,17) y no intentes hacerlo todo tú mismo. Puede que otros hagan algunas cosas mejor que tú.

4.   Conoce tu lugar en el cuerpo (1Corintios 12,18-20) porque esto trae seguridad y confianza (Romanos 12,3).

5.   Admite tu necesidad de otra gente (1Corintios 12,21). La iglesia es tu máquina de respiración artificial, por tanto, no tengas miedo de aprovechar la vida de Dios por medio de otros en la iglesia. No seas tan independiente que no te puedan ayudar, aconsejar, ni corregir.

6.   Valora a otros creyentes (1Corintios 12,22-24) y anímales.

7.   Cuida del cuerpo (1Corintios 12,26), practica la hospitalidad (Romanos 12,13; 1Pedro 4,7) y busca maneras prácticas para compartir y ayudar a tus hermanos en la Iglesia (Hebreos 10,24; Gálatas 6,10).

8.   Haz que el amor sea tu meta y desea de todo corazón los dones espirituales (1Corintios 13,1-3; 14,1).

 

Preguntas para reflexionar:

1.   ¿Está el cuerpo de Cristo, del cual eres parte, llevando a cabo la labor que comenzó Jesús de testificar y establecer el Reino de Dios?

2.   ¿Tienes tu iglesia local a Jesús como cabeza?

3.   ¿Sabes que eres llamado a trabajar dentro de la parte local del cuerpo de Cristo a la cual asistes? Si no sabes cuál es la función o tarea de Dios para ti, entonces pide a Dios que te la enseñe. Todo el mundo debería ser fructífero para Dios dentro de su propio marco local. Ora y pide a Dios guía en este asunto y también ve a tus líderes y pide su consejo.

4.   Como miembro del cuerpo de Cristo, ¿te ves como una parte necesaria del cuerpo y estás plenamente comprometido con él?

5.   ¿Es posible funcionar independientemente del cuerpo de Cristo? Discútelo.

6.   Antes que Dios pueda confiar a los miembros del cuerpo de Cristo poder y autoridad, necesita haber un reconocimiento de los principios divinos de jefatura y sumisión a Cristo, la cabeza del cuerpo. Discútelo.

7.   Te haces la pregunta: ¿Qué puedo yo invertir en la parte local del cuerpo de Cristo? O te haces las preguntas: ¿Qué puedo yo sacar de esta iglesia local? O ¿Qué debería hacer esta iglesia local para mí?.

8.   ¿Existe unidad entre los miembros de tu iglesia local? Si no es así¿por qué no? ¿Hay algo que tú puedas hacer para fomentar la unidad? ¿Cuál es la actitud de Jesús ante la unidad de su iglesia? (Juan 17,20-23).

 

Resumen y Aplicación:

1.   Jesús nos ha comisionado, como miembros de su iglesia, a hacer discípulos y capacitarlos para crecer en el contexto de la parte local del cuerpo de Cristo, es decir, la iglesia local

2.   La iglesia crecerá en cantidad y calidad solo cuando cada miembro trabaje como debiera y lleve a cabo la función que Dios le ha dado. Entonces se convertirá en el cuerpo que sea verdaderamente la expresión de Jesús en la tierra.

3.   Jesús es la cabeza de la Iglesia y pretende que su Iglesia llegue a ser un lugar de unidad y sumisión a su gobierno.

4.   Todos los miembros del cuerpo de Cristo están interrelacionados entre sí y son necesarios para el debido funcionamiento de la iglesia universal.

5.   Para que un discípulo de Jesús se realice, necesita reconocer que su realización ocurrirá solo cuando encuentre su lugar en el cuerpo local de Cristo, y se comprometa a acabar lo que Dios le pide que haga en ese lugar.

6.   Tu actitud hacia la iglesia local reflejará algo de tu actitud hacia su cabeza, Jesucristo.

7.   Dios no tiene preferidos. No tasa un ministerio más alto que otro. Solo espera que nosotros, como discípulos suyos, le sirvamos obedeciendo su voluntad, cueste lo que cueste.

Modificado el ( martes, 14 de septiembre de 2010 )
 
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