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Confesión de fe: 1. Las Sagradas Escrituras PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Felipe Rincón Vásquez   
viernes, 25 de marzo de 2011

Las Santas Escrituras

 

1.   Sostenemos la Biblia como la Palabra de Dios. Confesamos que esta Palabra de Dios no fue enviada ni producida por la voluntad de hombre alguno, sino que los santos hombres de Dios, siendo guiados por el Espíritu Santo, la hablaron conforme dice el apóstol Pedro. Después, Dios, por un cuidado especial que El lleva de nosotros y de nuestra salvación, mando a sus siervos los profetas y apóstoles consignar por escrito su Palabra revelada; y El mismo escribió con su dedo las dos tablas de la Ley. Por esta razón llamamos a tales escritos Santas Escrituras.

 

(2 P.1.21 /  Sal.102.18 / Ex. 17.14;  34.27 / Dt. 5.22; Ex. 31.18)

 

2.   Tenemos las Sagradas Escrituras en dos libros: El Antiguo y Nuevo Testamento, y lo llamamos libros canónicos porque contra ellos no hay nada que objetar. Creemos y practicamos sus enseñanzas correctamente divididas, como única regla de fe y practica, gobierno y disciplina. El Antiguo Testamento contiene: Los cincos libros de Moisés, a saber: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio; el libro de Josué, de los Jueces, y Rut; dos libros de Samuel y dos libros de los Reyes, dos libros de las Crónicas; el libro de Esdras, Nehemías, Ester, Job; los Salmos de David; tres libros de Salomón, a saber: Proverbios, Eclesiastés y Cantar de los Cantares; los cuatro profetas mayores: Isaías, Jeremías (con sus Lamentaciones), Ezequiel, y Daniel; y los doces profetas menores: es decir: Oseas, Joel, Amos, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc y Sofonías, Hageo, Zacarías, y Malaquías. Y el Nuevo Testamento: los cuatro Evangelistas: Mateo, Marcos, Lucas, y Juan; Los Hechos de los Apóstoles, las trece cartas del apóstol Pablo, o sea: a los Romanos; dos a los Corintios, a los Gálatas, a los Efesios, a los Filipenses, a los Colosenses, dos a los Tesalonicenses, dos a Timoteo, a Tito, y a Filemón; una carta a los Hebreos; las siete cartas de los Apóstoles, a saber: la carta de Santiago, dos cartas de Pedro, tres de Juan, y la carta de Judas; y el Apocalipsis del Apóstol Juan.

 

(2 Tim. 3.16-17; 1 Tim. 3.14-14; Ef. 2.20)

 

3.   Únicamente a estos libros aceptamos por sagrados y canónicos, para regular nuestra fe según ellos, para fundamentarlos en ellos y con ellos confirmarla. Y creemos sin duda alguna todo lo que esta comprendido en ellos, y eso, no tanto porque la Iglesia los acepta y los tienes por tales, sino sobre todo porque el Espíritu Santo nos da testimonio en nuestros corazones, que son de Dios; y porque también tienen la prueba de ello en si mismos: el carácter celestial del contenido, la eficacia de la doctrina, la majestad del estilo, la armonía en todas sus partes, el fin que se propone alcanzar en todo su conjunto, que es el de dar toda la gloria a Dios, la plena revelación para el hombre, y cuando advertimos que las cosas que en ellos se han predicho, acontecen.

 

(Lc. 16.27-31 / Jn. 6.63; 1 P. 1.23-25; Heb. 4.12-13; Mr. 16.15-16; Jn. 20.31; Gal. 1.8,9 / Mt. 16.17; 1 Cor. 2.14ss; Jn. 3.3; 1 Cor. 2.4-5)

 

4.   A estos santos libros los distinguimos de los Apócrifos, que son los siguientes: El tercer y cuarto libro de Esdras, el libro de Tobías, Judit, el libro de la sabiduría, Eclesiastés, Baruc, lo que se ha añadido a la historia de Ester; la oración de los tres mancebos en el fuego, la historia de Susana, la de la imagen de Bel y del Dragón; la oración de Manases, y los dos libros de los Macabeo. La Iglesia podrá leer estos libros de la mismas manera que otros escritos humanos, y tomar de ellos enseñanzas en tanto que estén de conformidad con los libros Canónicos; pero carecen de poder y autoridad para apoyar en ellos algún articulo de fe o de la religión Cristiana, pues podrían disminuir o contradecir la autoridad de los libros Sagrados.

 

( Lc. 24.27,44; Rom. 3.2)

 

5.   Creemos que esta Santa Escritura contiene de un modo completo la voluntad de Dios, y que todo lo que el hombre esta obligado a creer para ser salvo se enseña suficientemente en ella. Pues ya que toda forma de culto que Dios exige de nosotros se halla allí extensamente descrita, no les es permitido a los hombres enseñar de otra manera que como nos enseña la Sagrada Escritura, ni aunque fuera un ángel del cielo. Porque como está vedado añadir algo a la Palabra de Dios, o disminuir algo de ella, es evidente que su doctrina es perfecta y completa en todas sus formas. Tampoco esta permitido igualar los escritos de ningún hombre, ni la costumbre, ni los concilios, decretos o resoluciones, con la verdad de Dios, expresadas en las Sagradas Escrituras. Por lo tanto, rechazamos todo lo que no concuerda con esta regla infalible, según nos enseñaron los Apóstoles. Sin embargo, reconocemos que la iluminación interna del Espíritu Santo es necesaria para un entendimiento salvador de aquellas cosas que están reveladas en las Santas Escrituras.

 

(2 Tim. 3.16-17; 1 P. 1.10-12 / Prov.30.6; Gal.3.1; Ap. 22.18-19; 1 Tim.1.3; Gal. 1.8,11; 1 Cor. 15.2; Hch. 26.22; Rom. 15.4; Hch. 18.28; Dt. 12.32 / 1 P.4.10-11; Lc. 11.13; Hch. 20.27; Jn. 4.25; 15.15 / 1 Tim.1.13 / Col. 2.8; Hch.4.19 / Jn. 3.13-31 / 1 Jn. 2.19; Heb. 8.9; 2 P. 2.17-19 / Mt. 15.3; Mr.7.7; Is. 8.20; 1 Cor. 2.4; 3.11; Sal. 12.6; Dt. 4.5-6; Ef. 4.5 / 1 Jn. 4.1 / 2 Jn. 10 / Jn. 6.45; 1 Cor. 2.9-14)

Modificado el ( viernes, 25 de marzo de 2011 )
 
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