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La Lucha Contra el Pecado VI: La Perfeción de la Memoria [audio] PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Pastor Felipe Rincón   
lunes, 19 de noviembre de 2007

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LA PERFECCION DE LA MEMORIA

 

La memoria del hombre carnal es un completo desorden, apenas tiene dominio de sí misma, no está libre, no sabe recordar u olvidar, según conviene, está a merced de todo visitante, deseado u odiado –como una casa abandonada, de la que se arrancaron puertas y ventanas, en la que cualquiera puede entrar; como un jardín sin jardinero, lleno de malezas.

 

La memoria desordenada y carnal deja al hombre cerrado a Dios, inquieto y turbado por cientos de cosas secundarias, y olvidado de lo único necesario; incapaz de oración y de meditación, olvidado del cielo. Lo deja cerrado al prójimo, encerrado en si mismo y en sus cosas, incapaz de pensar en los otros y acogerlos con atención. Lo deja alienado del presente, perdido en recuerdos inútiles de un pasado ya pasado. O perdido igualmente en vanas anticipaciones de un futuro inexistente e incierto. Lo deja vulnerable al influjo del diablo, que tiene una puerta abierta en el alma por este medio, porque puede añadir formas, noticias y discursos, y por medio de ellos afectar al alma con soberbia, avaricia, ira, envidia, y otros, y poner odio injusto, amor vano, y engañar de muchas maneras; y además de esto, suele él dejar las cosas y asentarlas en la fantasía de manera que las que son falsas parezcan verdaderas, y las verdaderas falsas. En fin, hace del hombre un excéntrico, pues desplaza su atención de lo central, y la deja habitualmente absorta en cosas triviales y superficiales.

 

¿De dónde procede el caos de la memoria carnal? Del egoismo, qu centra al ser humano en si mismo, haciendo de su alma una madeja llena de nudos, cerrada a Dios y al prójimo. De la desconfianza en Dios y en su providencia, pues cuando el hombre trata de apoyarse en sí mismo o en criaturas, es natural que luego eferme de ansiedades y preocupaciones. De los apegos del sentido y de la voluntad, ya que la memoria está apegada, sin poder despegarse, de todo aquello –salud, dinero, independencia, tranquilidad, lo que sea- que es deseado y querido con apego. En efecto, todo apego del sentido y de la voluntad se hace apego de la memoria.

 

¿Qué síntomas anuncian el desorden de la memoria? Sobre todo la inutilidad y la falta de libertad. La ocupación de la atención en las cosas es sana, normal; incluso hay asuntos que requieren muchas y largas vueltas de la atención. Pero la preocupación es insana, es una ocupación excesiva, morbosa. ¿Cómo distinguir una de otra? La memoria desordenada es como un animal que siguiera dando vueltas a una noria que ya no da más agua (inutilidad). Así, a veces, una persona quiera desconectarse ya de una cuestión, suficientemente considerada, para descansar, orar, leer, dormir; pero no lo consigue, pues sigue dándole vueltas al tema: ¨ Es que no me lo puedo quitar de la cabeza ¨ (falta de libertad). Esos son dos claros síntomas de una memoria desordenada y esclava.

 

La memoria ha de ser pacificada por la esperanza, por el confiado abandono en la providencia de Dios. Fuera ansiedades, ideas fijas, obsesiones, nudos del alma: todo eso es esclavitud de la memoria, y por tanto de la persona; Gálatas 5.1          ¨ Estad pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estén otra vez sujetos al yugo de la esclavitud ¨. El Espíritu Santo quiere enseñarnos a poner las potencias en silencio y callando para que hable Dios, y que la memoria quede callada y muda, y solo el oído del espíritu en silencio a Dios, diciendo ¨ habla, Señor, que tu siervo oye ¨. Por eso date al descanso echando de ti cuidados y no te esté preocupando de cuanto acaece, descansa en Dios.

 

Dios quiere pacificar nuestra memoria, de modo que nada la turbe y nada la espante. Por eso nos manda el salmista: ¨ encomienda al Señor tus afanes, que él te sustentará ¨ (Salmo 54.23). ¨ Encomienda tu camino al Señor, confía en él, y él actuará. Descansa en el Señor y espera en él ¨ ((Salmo 36.5,7). No es solo un consejo, es un mandato del Señor: ¨ no se preocupen ¨. Confiad en el Padre, que si cuida de aves y flores, más lo hará del ser humano. No se preocupen, que con eso no van a adelantar nada, es completamente inútil: ¨ ¿Quién de ustedes con sus preocupaciones podrá añadir una hora al tiempo de su vida? ¨. Es normal que los paganos se preocupen, pero es anormal que anden con ansiedades quienes tienen a un Padre celestial que conoce perfectamente sus necesidades. La paz está en buscar el Reino con todo el corazón, despreocupándose por las añadiduras y sin inquietarse para nada por el mañana (Mateo 6.25-34)

 

A pesar de esta enseñanza evangélica tan clara, hay cristianos que piensan y dicen:

 

-          ¨ Es humano vivir con preocupaciones, y no hay nada malo en ello ¨.

Dicen, que sería inhumana la persona que en medio de tantos males y peligros como hay en el mundo, viviera sin preocupaciones.

Lo que debemos preguntarle a tales personas es qué ideas tienen del ser humano aquellos que consideran humano preocuparse ansiosamente, e inhumano vivir en paz inalterable y en continua confianza en Dios. En esta ocasión comprobamos una vez más qué precaria idea tiene de lo humano –y de lo cristiano, por supuesto- el hombre carnal. El pobre no tiene ni idea siquiera de la perfección espiritual a la que está llamado por Dios, que quiere poner en su corazón una paz perfecta. En efecto, como ya hemos visto, las preocupaciones consentidas y cultivadas, lo mismo, que los pensamientos obscenos, son pensamientos malos. Tener malos pensamientos no es pecado, pero consentir en ellos sí. Igualmente, las preocupaciones consentidas ofenden a Dios y a su providencia amorosa.

 

-          ¨ Es imposible ordenar la memoria, y por tanto la perfección de la memoria   es imposible.

Dicen, que el ser humano a menos que se recluya en un monasterio, necesariamente en esta vida se ve lleno de preocupaciones y ansiedades.

Todo esto es falso. Las preocupaciones y los pensamientos vanos deben ser combatidos con todo empeño, como se combaten los pensamientos obscenos: procurando no consentir en ellos, pidiendo en la tentación el auxilio de Dios, actualizando la esperanza para confiarse a él. Y lo mismo que los pensamientos obscenos, cuando han sido larga y fielmente combatidos, acaban normalmente por desaparecer, igualmente los pensamientos vanos y las preocupaciones. Entonces se alcanza, como don de Cristo, el perfecto silencio interior, la paz del corazón, que es la herencia del cristiano en esta vida: ¨ La paz les dejo, mi paz les doy; no como el mundo la da la doy yo. No se turben sus corazones ni se   intimiden ¨ (Juan 14.23). Y eso ocurre no solo en los cristianos contemplativos, alejados del ruido mundanal, sino igualmente en los activos, sumergidos en los ajetreos que para otros resultarían insoportables.

 

-          ¨ Esta práctica para perfeccionar la memoria deja al ser humano alelado, inerte, desmemoriado ¨.

Por el contrario, a las personas de memoria desnuda y santificada, Dios le hace acordarse de o que se han de acordar y olvidar lo que es de olvidar. Por eso son particularmente despiertas, lúcidas, alertas.

Es bien en esta vida ejercitarse en recordar ciertas cosas buenas –por ejemplo acordarse de orar por una persona-; pero incluso estos recuerdos deben ser procurados por la memoria sin apego. En la vida espiritual la persona ni siquiera se ejercita en procurar esos recuerdos buenos, se encomendará a Dios que será quien le dirigirá. A veces Dios nos dirige a hacer algo, por ejemplo a orar por alguien que nunca pensamos hacerlo; pero Dios nos mueve según su voluntad, y así lo que hacemos siempre tiene efecto.

 

Pasos para la perfección de la memoria:

 

Limitar el deseo y consumo de informaciones.

No es conveniente que la persona esté enterada de cuando sucede en su casa, en su pueblo o ciudad, en el mundo. Pero la memoria del hombre carnal es insaciable: no se cansa de noticiarios, periódicos, conversaciones vanas. Todo lo quiere saber. Es como una esponja que se hincha absorbiendo cuanto le rodea. Se ceba en las añadiduras y se olvida del Reino y su justicia. Pues bien, esa esponja insaciable de la memoria debe ser estrujada y vaciada, y cuanto más el alma desaposesionare la memoria de formas y cosas memorables que no son Dios, tanto más pondrá la memoria en Dios y más vacía la tendrá para esperar de él la llenura de su Bmemoria.

No consentir en las preocupaciones y en los vanos pensamientos obsesivos.

Combatirlos como se lucha contra los pensamientos malos de lujuria, de odio, de robos o de venganzas: pidiendo la ayuda a Dios, procurando quitar la atención de lo malo y ponerla en algo bueno, actualizando intensamente las virtudes contrarias, en este caso sobre todo la esperanza.

Soltar la memoria en la esperanza, confiando en Dios con total y filial abandono, cortando así, sin más, los nudos que embarullan el alma y quitan salud al cuerpo.

Lo que pretendemos es que el alma se una con Dios según la memoria en esperanza. No pensando ni mirando en aquellas cosas más de lo que le sea necesario para entender y hacer lo que es obligatorio; y así no ha de dejar el ser humano de pensar y acordarse de lo que debe hacer y saber.

 

Bienes que produce la santificación de la memoria:

 

1.   El ser humano de memoria purificada queda libre para mirar a Dios en una oración sin distracciones, y para escuchar en silencio, sin ruidos interiores.

 

2.   Puede centrar en el prójimo una atención solícita, no distraída por otros objetos inoportunos.

 

 

3.   Logra desconectarse, cuando conviene, de sus ocupaciones y atenciones diarias. Vive sereno en medio de las vicisitudes de la vida, pues teniendo el corazón tan levantado del mundo, éste no solo no le puede tocar y asir el corazón.

 

4.   Duerme y descansa –sin pastillas, gotas o comprimidos- cuando es oportuno: ¨ en paz me acuesto y en seguida me duermo, porque tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo ¨ (Salmos 4.9 y 3.6).

 

 

5.   Tiene el alma ligera y clara, libre del agobio de preocupaciones oscuras:      ¨ cuando se multiplican mis preocupaciones, tus consuelos Señor son mi delicia ¨ (Salmo 93.19).

6.   Tiene una sorprendente capacidad de trabajo, pues apenas se cansa con lo que hace (lo que cansa no es la acción, sino las tensiones y preocupaciones que la acompañan indebidamente).

Lejos de ser una persona inerte o poco útil, es el más entregado y animoso, guarda el ánimo cuando otros lo pierden, no se desconcierta, pasa por el fuego sin quemarse, y en vez de caminar, vuela velozmente sin cansarse.

Modificado el ( martes, 17 de marzo de 2009 )
 
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