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Génesis 2,7 El primer hombre PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Felipe Rincón Vásquez   
domingo, 23 de septiembre de 2012

EL PRIMER HOMBRE

Génesis 2,7

 

Génesis 2:7 Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra,  y sopló en su nariz aliento de vida,  y fue el hombre un ser viviente.

 

Introducción:

Dios tomo dos cosas para hacer al hombre: el polvo de la tierra y su propio aliento de vida.

 

El Señor Dios formó al hombre

1.   Dios formó al hombre, este no apareció de la nada o por fuerzas impersonales.

El término formar nos habla de la existencia de materia previa la cual se le da forma humana. Está comprobado que el ser humano está hecho de la tierra, todas las sustancias de la tierra constituyen y componen el cuerpo humano, la vida física del ser humano. Sin embargo, la energía y poder que formó al hombre es la inteligencia suprema del universo, el Señor Dios formó al hombre. Él tomó las sustancias y las usó para crear al hombre.

2.   Dios formó al hombre.

La palabra formó significa moldear, dar forma, formar. Es la ilustración de un alfarero que tiene una imagen en su mente que quiere crear. El hombre es la creación de Dios, de la mente de Dios, de la inteligencia y el poder de Dios.

3.   Fue Yahweh elohim el Dios personal, quien creo al hombre.

El propio Dios personalmente participó en la creación del hombre, participó de una manera muy diferente de la que participó cuando creó el resto del mundo. Puesto que estaba creando a la criatura que tendría la capacidad de decidir libremente adorar y servir a Dios, que supervisaría la tierra por Dios por toda la eternidad. Por eso el Señor Dios iba a establecer una relación personal entre él y el hombre. El Señor se paró delante del hombre como Dios, como el gran creador y sustentador de la vida. Pero también como el Señor, como el amo supremo de la vida del hombre, como el Señor y amo supremo.

 

Enseñanza y aplicación: Dios creó al hombre para que lo conociera, lo adorara y le sirviera.

 

 

El hombre fue formado del polvo de la tierra

Nuestro cuerpo está formado de la misma sustancia, de los mismos elementos químicos, como la propia tierra. Físicamente no somos más que polvo que yacen en la tierra. Existe una afinidad tal entre la tierra y nuestro cuerpo material. A nuestro cuerpo se le llama barro y se dice que nuestros cimientos están en la tierra. Nuestro tejido, la carne, es terrenal. Nuestra comida proviene de la tierra.

 

Enseñanza y aplicación:

-      ¿De qué tenemos que enorgullecernos? De nada. Del polvo venimos y al polvo volveremos.

-      Nuestro cuerpo es frágil y débil. No es nada. Por eso debemos confiar en que Dios nos proteja, y debemos buscar la gloria y dignidad que solo Dios puede conferir.

-      Todas las personas están hechas de la misma sustancia. Ninguna tiene más valor que otra, no en cuanto al material del que está hecha. Excepto en cuanto a asunto de moral y comportamiento, nadie está por encima de nadie, nadie vale más que nadie, nadie tiene derecho a rebajar a nadie. NO hay cabida para el orgullo, el prejuicio, la discriminación, el celo, la esclavitud, la parcialidad, ni el favoritismo entre las personas.

 

Dios sopló su propio aliento de vida en el hombre

Adán era sencillamente un cuerpo humano, un animal. Luego de repente Dios sopló su propio aliento en la nariz de Adán y cuando lo recibió se levantó como un ser viviente diferente, reforzado por la divinidad.

1.   Más que soplar aire a los pulmones de Adán, Dios le dio de su Espíritu. El hombre tiene dentro de su cuerpo el aliento y espíritu mismos del propio Dios.

2.   Al recibir el espíritu de Dios, al hombre se le dio la posibilidad de la inmortalidad.

 

Fue el hombre un ser viviente

El hombre fue un ser viviente, consciente, animado y que respira. Era un ser viviente como todas las demás criaturas de la tierra. Sin embargo había una diferencia distintiva entre los animales y el hombre. A este se le dio el aliento del propio Dios. La vegetación vive pero es inanimada. Los animales viven, pero son solo criaturas animadas con alma, no tienen el aliento ni el Espíritu de Dios dentro de ellos. El hombre es una criatura espiritual, que adora y está consciente de sí mismo y del mundo y de Dios.

 

Enseñanza y aplicación: Qué vergüenza que el hombre le sea fiel a esta tierra y a su vida mundana en detrimento de su vida espiritual.

 

Modificado el ( domingo, 23 de septiembre de 2012 )
 
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