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Genesis 12,1-3 Abraham: Las grandes promesas de Dios PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Felipe Rincón Vásquez   
sábado, 23 de agosto de 2014

ABRAHAM: LAS GRANDES PROMESAS DE DIOS

 

Génesis 12,1-3

“Ahora bien, YHVH había dicho a Abram: Vete de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. 2 Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. 3 Bendeciré a los que te bendigan, y maldeciré al que te maldiga, y en ti serán benditas todas las familias de la tierra.”

 

Introducción:

En este pasaje Dios promete a Abram, una tierra, una nación y una simiente. Pero la promesa es condicional. Abram tenía que creer en Dios, lo suficiente como para separarse del mundo que conocía y seguir a Dios y sus promesas. Tenía que sacrificar su vida, su mundo y todo cuanto era y tenía.

 

I.                  Dios prometió a Abram, que le daría la tierra.

“Vete de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.”

 

Dios prometió la tierra que te mostraré. ¿Qué tierra exactamente es esa? Se trata de una tierra que se encontraba en el futuro, no se poseería de inmediato. Definitivamente, se hace referencia a la tierra de Canaán, a Palestina, la tierra de Israel. Sin embargo, la tierra de Canaán es símbolo (un tipo, una figura, una ilustración) del mundo, que todo creyente heredara de parte de Dios. La tierra se refiere a todo el mundo. Es todo el mundo el que Abram y los creyentes deben heredar.

Romanos 4,13

“Porque no por medio de la Ley fue dada a Abraham o a su simiente la promesa de que él era heredero del mundo, sino mediante la justicia de la fe.”

La herencia se refiere a los nuevos cielos y tierra. El nuevo universo, que Dios va a renovar en el tiempo del fin. Cielos nuevos y tierra nueva, quiere decir, que un nuevo sistema gobernara sobre esta tierra.

La tierra prometida se refiere a un país celestial, a una ciudad celestial, porque desciende del cielo, esto quiere decir que es de parte de Dios, que no son los seres humanos quienes traerán el nuevo sistema sobre el mundo.

Apocalipsis 21,10

“Y me llevó en espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la ciudad santa, Jerusalén, descendiendo del cielo, de Dios”

La tierra prometida incluía, la posesión de un país, de su propiedad con toda su buena tierra, sus riquezas, y derechos. Incluía, la posesión eterna y permanente de la tierra. 

 

Enseñanza y aplicación:

La promesa dada a Abram constituye un paralelo de la promesa dada al creyente. Abram heredaría la tierra si se aleja del mundo y seguía a Dios. Así, los creyentes heredaremos la tierra si nos alejamos del mundo y seguimos a Dios. La tierra prometida a Abram es un símbolo, un tipo, una ilustración de una tierra donde gobierne el reino de Dios. Cuando el Reino de Dios se extienda por toda la tierra. La promesa dada al creyente es la tierra nueva.

Hebreos 11,8-10

“Por fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que iba recibir por herencia, y salió sin saber a dónde iba. 9 Por fe habitó en la tierra prometida como en tierra ajena, viviendo en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; 10 porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.”

La tierra prometida era la garantía del triunfo y reposo de la victoria y reposo espiritual. Esta tierra traería como resultado la paz y la seguridad, la libertad, la liberación y la salvación conferida por Dios a Abram, por exponerse a todos los tipos de pruebas, peligros, amenazas, ataques, esclavitud, y servidumbre que ocurren de no tener un hogar establecido en este mundo, de no tener un lugar que sea dado y protegido por el propio Dios. 

La tierra prometida es la garantía de victoria y reposo, el triunfo y la derrota de todos los enemigos, una victoria que sería dada por Dios.

 

Esta victoria y reposo espirituales prometidos a Abram, representa el reposo espiritual prometido al creyente.

Apocalipsis 14,13

“Y oí una voz del cielo que decía: Escribe: ¡Bienaventurados los muertos que mueren en el Señor de aquí en adelante! ¡Así sea! dice el Espíritu. Les será dado descanso de sus fatigas, porque sus obras van con ellos.”

 

II.               Dios prometió a Abram, convertirlo en padre de una gran nación.

“2 Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. 3 Bendeciré a los que te bendigan, y maldeciré al que te maldiga, y en ti serán benditas todas las familias de la tierra.”

 

Esta promesa tiene una referencia física y otra espiritual.

Dios se refiere a que le daría un pueblo físico y literal a Abram. El daría a luz una nueva raza de personas: los judíos, la nación de Israel.

 

Podemos clasificar a los descendientes de Abraham como sigue:

-      Los hijos por descendencia natural de donde vienen los árabes: Ismael, los hijos de Cetura (Madián, etc.), Esaú (Edom).

-      Los hijos por descendencia carnal y espiritual, Isaac y Jacob, que representan a los fieles de Israel.

-      Los hijos por descendencia natural, dentro de Israel, que no cumplieron las condiciones espirituales de su vocación nacional.

-      La descendencia puramente espiritual, que participaba de la fe de nuestro padre Abraham, fuesen judíos o gentiles (Rom. 4.11,12; Gál. 3.14);

Así el patriarca llegó a ser ¨padre de una multitud de naciones¨ (Gén. 17.5), lo que se cumplió literalmente por medio de su descendencia física y físico-espiritual. No solo eso, sino que sus descendientes habían de ser cauce de bendición para todas las familias de la tierra (Gén. 12.3), lo que se cumple por medio de Cristo, por quien se extienden las bendiciones espirituales de la redención a la vasta multitud de los salvados a través de todas las edades (Gál. 3.14).

 

 

Dios se refería a un pueblo espiritual. Abram daría a luz una nueva raza de un pueblo espiritual: el pueblo de la fe, creyentes verdaderos y genuinos que seguirían a Dios y a sus promesas. Los creyentes de todas las naciones se consideran hijos de Abraham.

Romanos 4,11

“Y recibió la señal de la circuncisión como evidencia de la justicia de la fe de cuando estaba en la incircuncisión, para que él sea padre de todos los que creen sin estar circuncidados, a fin de que a ellos les sea adjudicada justicia”

Romanos 4,13-14

“Porque no por medio de la Ley fue dada a Abraham o a su simiente la promesa de que él era heredero del mundo, sino mediante la justicia de la fe. 14 Porque si los de la Ley son herederos, vana ha sido la fe, y anulada la promesa.”

Gálatas 3,14

“para que la bendición de Abraham llegara a los gentiles por Cristo Jesús, a fin de que por medio de la fe recibamos el Espíritu prometido.”

 

Al leer la promesa dada a Abram, debemos entender que la misma contiene una parte literal y una espiritual. Esto es un doble significado. Cuando se le dice a Abraham que su simiente seria como las estrellas del cielo y como la arena del mar, se refiere a todos los creyentes, de todas las naciones a lo largo de los siglos y milenios de la historia de la humanidad. Espiritualmente Abraham sería el padre de todos los que creen en la promesa de Dios.

 

Dios prometió bendecir a Abram. La bendición de Dios significa su amor, presencia, protección, y provisión. Esa misma bendición se les da a todos los creyentes. Las mismas bendiciones, son dadas a todos aquellos que siguen a Abram al creer en las promesas de Dios.

Isaías 41,10

“No temas, porque Yo estoy contigo; No desmayes, porque Yo soy tu Dios; Te fortaleceré y siempre te ayudaré, Sí, Yo te sostendré con mi diestra victoriosa.”

1Pedro 1,5 

“que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación, que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.”

 

Dios prometió hacer de Abram una bendición para otros. Y lo ha sido, ha sido una bendición para la tierra. Abrahán es el padre de los judíos, por medio de los cuales llega el testimonio del Dios verdadero al mundo; y porque de los judíos descendientes de Abraham vino Jesucristo en la carne.

 

Dios prometió bendecir a la persona que bendijo a Abram y a sus descendientes, y maldecir a la persona que maldijera a Abram y a sus descendientes. ¿Quiénes son las personas que bendicen y maldicen a Abram y a los creyentes?

> La persona que bendice es aquella que aprueba y acepta. Algunas personas aunque podrían no aceptar a Dios, ni estar de acuerdo con Abram, le desearían bien en su viaje a la tierra prometida. Otras irían más allá, podrían aceptar a Dios y unirse a Abram en su viaje de fe. Ellos, también, bendecirían a Abram y todo aquel que siga a Dios y sus promesas.

> La persona que maldice es una persona que desaprueba y rechaza, y en algunos casos lucha contra Abram y su decisión de seguir a Dios y sus promesas.

 

Solo por ser judíos no se es descendiente heredero de la promesa, solo los descendientes espirituales reciben la promesa.

 

III.             Dios prometió darle a Abram la simiente prometida.

3 “…y en ti serán benditas todas las familias de la tierra.”

 

Dios estaba escogiendo a Abram para bendecir a todas las familias de la tierra, con la simiente prometida, el Mesías, el salvador del mundo. Esta es una referencia directa al señor Jesucristo, el Mesías y salvador del mundo.

 

La simiente prometida no se refiere a muchas personas, sino a una persona, el señor Jesucristo.

Gálatas 3,16

“Ahora bien, las promesas fueron hechas a Abraham y a su descendencia. No dice: Y a sus descendencias, como de muchas, sino como de una: Y a tu descendencia, la cual es Cristo.”

 

Una persona solo puede volverse hijo de Dios –descendiente de Abram –por medio de la fe en Jesucristo, creyendo y confiando en él.

Gálatas 3,26.29

26 “pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús.

29 “Y si vosotros sois de Cristo, entonces sois descendencia de Abraham, herederos según la promesa.”

 

 

 

 

Modificado el ( sábado, 23 de agosto de 2014 )
 
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