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La lucha contra el pecado: Pruebas y tentaciones PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Felipe Rincón Vásquez   
jueves, 04 de septiembre de 2014

LA LUCHA CONTRA EL PECADO

PRUEBAS Y TENTACIONES

Septiembre/2014

Una prueba es un examen de las cualidades de alguien o algo. En lo referente al ser humano, llamamos prueba, a un hecho triste y difícil, utilizado para demostrar una acción o alcanzar un objetivo.

La tentación es la instigación que induce el deseo de algo. La tentación está asociada a la seducción y la provocación.

 

Las Pruebas y el crecimiento de las virtudes

Las virtudes crecen por actos intensos, y como la persona solo las ejercita cuando se vea apremiada por la situación, por eso, Dios permite en su providencia, ciertas pruebas que aprieten al ser humano (enfermedades, éxitos, desengaños, y otras), dando su gracia, para que, sea ocasión provechosa la dificultad que ha permitido. Romanos 8,28 “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas ayudan para bien, a los que son llamados conforme a su propósito”.

Con ocasión una persona enferma, y puede crecer en paciencia y esperanza, más en un mes de enfermedad, que en diez años de salud.

 

Dios, nos pone a prueba para acrisolar nuestro corazón. Y con la prueba, da su gracia: 1 Corintios 10.13 ¨Fiel es Dios, que no permitirá que sean tentados sobre sus fuerzas, sino que dispondrá con la tentación el modo de poderla resistir con éxito¨. Por eso, Santiago 1.2-3, 12 dice, ¨tened por sumo gozo verse rodeados de diversas pruebas, considerando que la prueba de su fe engendra paciencia¨. Y merece el premio prometido: ¨Bienaventurado el ser que soporta la tentación, porque, probado, recibirá la corona de la vida que Dios prometió a los que le  aman¨. En este sentido toda la vida del ser humano es una prueba que debe conducirle al Reino de Dios.

 

Tentaciones

Por la misma razón anteriormente expuesta Dios permite que el ser humano sufra tentaciones, esto es, inducciones al mal que proceden del Demonio, del mundo y de la propia carne. Estos son los tres enemigos, según enseña Jesús. En la parábola del sembrador expuesta en Mateo capítulo 13, Jesús señala la acción del Demonio: ¨Viene el Maligno y le arrebata lo que se había sembrado en su  corazón¨. También alude a la carne: ¨No tiene raíces en sí mismo, sino que es voluble¨, e indica también el influjo del mundo: ¨Los cuidados del siglo y la seducción de las riquezas¨. De modo que, los cristianos estamos en lucha con la carne, con el mundo y con el diablo. Contra estos tres enemigos.

La carne, es decir nuestros deseos concupiscentes; el mundo, es decir el sistema organizado en contra de los principios divinos; y Satanás, el agente activo del mal en oposición a Dios y sus seguidores.

 

El proceso de la Tentación

Es necesario que conozcamos el proceso de la tentación, para poder cortar, antes de consumar el pecado.

 

  1. La tentación parte del Demonio.

La tentación parte del Demonio y se inicia con una sugestión, aparentemente inofensiva, inocente, nada perjudicial. Pero tal sugestión, está envenenada por la mentira y el engaño. Debe ser desechada al instante. No se debe entrar en diálogo con el pecado, solo se debe citar la verdad y punto. Este es el ejemplo que Cristo nos dio. Si usted entra en diálogo con la primera sugestión, entonces viene la tentación descarada y punzante.

Eva entró en un dialogo con el tentador y sucumbió ante él. Jesús en cambio, le citó la palabra de Dios y le dijo apártate de mí Satanás.

 

  1. Surge la fascinación. El deseo de…

Usted empieza a ver la cosa desde otro ángulo, surge el deseo de la felicidad, de la autonomía, del disfrute; y la cosa se le hace apetecible y buena, o por lo menos, no tan mala. Aquí empieza a razonar, y a justificar la actuación pecaminosa.

 

  1. El hecho consumado.

Y el hecho se hace consumado. Usted ha respondido a la tentación.

 

  1. La solidaridad en el mal.

Pero, la cosa no queda ahí, porque existe una nefasta solidaridad en el mal. Se invita a sus compañeros a que le acompañen. El pecador se fuerza, para hacer ver a los demás, que su hecho no es un pecado, o por lo menos, no un pecado tan grave, es simplemente un debilidad natural ¨yo soy así¨, ¨todos lo hacen¨, ¨fue Dios quien me dio el deseo¨.

 

La consecuencia inmediata del pecado sobre el pecador, es la vergüenza, la culpa y el temor. Así, se encuentra desnudo ante la gracia de Dios, se esconde de Dios (no quiere que le hablen nada de Dios), Se encuentran separados de Dios; y esa separación, entraña, la separación entre él y el mundo. El ser humano, está separado de Dios, de la naturaleza y de sus semejantes.

 

La lucha contra las tentaciones

¿Cómo luchar contra las tentaciones?

 

La vida del ser humano sobre la tierra es un combate. Por ello, Pablo, exhorta a Timoteo, para que milite como buen soldado de Jesucristo, en la milicia, que le ha tocado servir.

1 Timoteo 1.18 “Este mandato te encargo, oh hijo Timoteo, para que conforme a las profecías que antes se hicieron sobre ti, milites por ellas la buena batalla.”

2 Timoteo 2.3 “Comparte sufrimientos como buen soldado de Cristo Jesús.”

 

Los enemigos

Como ya vimos, los enemigos, son: el Demonio, la carne y el mundo.

1 de Juan 2.16: nos habla de la “concupiscencia de la carne”, la “concupiscencia de los ojos” y el “orgullo de la vida”.

Evagrio Póntico, un místico que vivió durante los años 345-399, y que escribió sobre la vida ascética y espiritual, señala, ocho principales pensamientos malos: la gula, la lujuria, la avaricia, la tristeza, la ira, la pereza, la vanagloria y la soberbia.

Tomás de Aquino la acepta, con alguna variante: son siete los pecados o vicios capitales: la soberbia o vanagloria, envidia, ira, avaricia, lujuria, gula y pereza. Estos pecados, son principios o cabezas de todos los demás. Destacándose como especialmente peligrosos, la avaricia que es la avidez desordenada de riquezas y que la Escritura la señala como raíz de todo pecado en 1 Timoteo 6.10; y la soberbia que es el afán desordenado de la propia excelencia, la soberbia está en el inicio de todo pecado.

 

Las actitudes

¿Cuáles han de ser nuestras actitudes frente a las tentaciones?

 

  1. Ante todo, confianza en la gracia de Cristo el Salvador.

Pablo dijo: ¨Todo lo puedo en Cristo que me fortalece¨ (Filipenses 4.13). En el cristiano no debe haber espacio para el temor, pues Cristo nos asiste. Fuera el temor, no estamos solos.

Además, como dijo Agustín de Hipona, ¨necesitamos ser probados, ya que nuestro progreso se realiza, precisamente, a través de la tentación, y nadie se conoce a sí mismo si no es tentado, ni puede ser coronado si no ha vencido, ni vencer si no ha combatido, ni combatir si carece de enemigo y de tentaciones¨.

  1. La humildad.

Con la confianza debe acompañarnos, la humildad, pues Dios ¨resiste a los soberbios, pero da su gracia a los humildes (Santiago 4.6; 1 Pedro 5.5). Nadie se fíe de su propia fuerza, y el que cree estar en pie, mire que no caiga. Tenemos ciertos defectos que nos humilla por muchos años, por más que uno haga para superarlos. Y solo cuando reconociendo nuestra impotencia, llegamos a la perfecta humildad, es entonces, cuando Dios nos da su gracia, para superar ese pecado, con toda facilidad. Ya, no hay, entonces, peligro, de que el cristiano considere esa gracia, no como un don, sino, como fruto de sus propias fuerzas.

 

Las armas

¿Cuáles son las armas que tenemos para luchar en contra de esos enemigos?

 

Las armas principales del cristiano, en la lucha contra la tentación, son aquellas, que le hacen participar de la fuerza de Jesucristo: Palabra divina, comunión cristiana, oración y renuncia. Como Jesús venció en el desierto, así, hemos de vencer nosotros. La oración y el ayuno, y sobre todo, la Palabra, nos harán poderosos en Cristo par confundir y ahuyentar al Demonio, que como león rugiente busca a quien devorar.  Leamos Efesios 6. 10-18:

“Por lo demás, sed fortalecidos en el Señor, y en el poder de su fuerza. 11 Revestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo, 12 porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra los principados, contra las potestades, contra los gobernadores del mundo de las tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. 13 Por tanto, tomad la armadura completa de Dios, para que podáis resistir en el día malo y, habiendo hecho todo, estar firmes. 14 Estad, pues, firmes, ceñida vuestra cintura con la verdad, revestidos con la coraza de justicia, 15 y calzados los pies con el apresto del Evangelio de la paz. 16 Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con el cual podréis apagar todos los dardos de fuego del maligno; 17 y aceptad el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios. 18 Orad siempre en el Espíritu mediante toda oración y súplica, velando también para ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos.”

 

Aplicación

  1. ¡Cuidado con la soberbia! Los soberbios se exponen, sin causa, a ocasiones próximas de pecado, y caen en él. Para excusar su pecado se reconocen débiles (¨es que no puedo evitarlo¨, ¨con ese ambiente es imposible¨), pero para adentrarse en la situación pecaminosa se creen fuertes (¨todo es puro para los puros¨, ¨a mí esas cosas no me hacen daño¨). Otros cuando se someten a la tentación, dicen: ¨todos van, yo no quiero ser raro, ni tengo vocación de monje¨. Sin embargo con frecuencia sucumben. Es como si se creyeran autorizados para pecar. La soberbia viene del diablo. Él está en el fondo de todo esto, es ¨padre de la mentira¨ según Juan 8.44.
  2. Aprendamos, que las armas de nuestra lucha no son carnales. Muy equivocados van quienes pretenden vencer la tentación apoyándose sobre todo en medios naturales (métodos, técnicas de concentración y relajación, regímenes dietéticos, dinámicas de grupo, y otro medios). Todo esto es bueno, y tiene cierta eficacia benéfica. Pero no debemos olvidar que el pecado mora en nosotros, en nuestra naturaleza caída (Romanos 7.17-18), y sobre todo, que no es tanto nuestra lucha contra la carne, sino contra los espíritus del mal. Los cristianos aunque vivimos, ciertamente en la carne, no combatimos según la carne; porque las armas de nuestra lucha no son carnales, sino poderosas por Dios para derribar fortalezas (2 Corintios 10.3-4).
  3. No debemos confundir concupiscencia y pecado. Algunos confunden concupiscencia y pecado, sin saber que no hay pecado en sentir la inclinación al mal, sino en consentir en ella. Otros, al verse tentados, ceden la voluntad, alegando su debilidad congénita o que ¨todos lo hacen¨. Pero es mayor la corrupción de quienes, ante la tentación, ceden también el intelecto, viendo lo malo como bueno.
  4. Cuidado con creer que el pecado es necesario. No faltan quienes consideran el pecado como una experiencia enriquecedora. Y que sin el pecado, no se podría llegar a conocerse la misericordia de Dios. según estos, la personalidad de los santos conversos, sería más rica que la de los santos que mantuvieron su inocencia. Ese es un gran error, pues los pecadores conocen algo del pecado, pero en la medida en que pecan son los que menos saben del pecado. Los santos si lo conocen y por eso se alejan de él. Ellos ¨no saben lo que hacen¨ (Lucas 23.34).

 

Modificado el ( jueves, 04 de septiembre de 2014 )
 
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